Adelanto de la segunda entrega de la novela de autoficción escrita por José Luis Ábalos «Maldito Ábalos. Volumen II: AVE Fénix»

—Abre, José Luis, por Dios. ¿Qué cojones has hecho con el teléfono?

Era la voz de mi abogado a través del puñetero telefonillo. Estaba tan aburrido desayunando que he contestado, cosa que jamás habría hecho antes. Supongo que esto es a lo que llaman tocar fondo.

—¿Dónde narices te habías metido? Me cago en todo, ¿eso es whisky? ¿A las once de la mañana?

—Tienes razón. Perdóname, no estoy en mi mejor momento.

Guardé avergonzado la botella de Chivas y saqué del mini bar otra de vermú.

—¿En serio?

—Disculpa, menudo anfitrión. ¿Quieres?

—¡Joder, José Luis! ¡La policía está de camino!

No me asusté ni un ápice, era algo que sabía que pasaría en cualquier momento. Estaba preparado. Los maderos no encontrarían ni un solo papel que me pudiera meter en problemas.

—Muy bien. ¿Y el ordenador?

—¿Qué pasa con el ordenador?

Se me hizo saber, con muy malas formas, en mi opinión, que es muy habitual que se revise el contenido de estos cacharros. Respondí que no había que preocuparse, no tengo mucha cosa ahí. Documentos que me mandaba Aldama al email y fotos y vídeos de los viajes con los colegas. Koldo hacía unos montajes en vídeo que eran tronchantes. Santos, él y yo solíamos quedar para tomar unas copas mientras los veíamos. Cómo añoro los viejos tiempos. También comenté que en el ordenador había archivos de índole «picantona», pero son muy difíciles de encontrar, uno sabe esconder bien las cosas (Archivos de programa/Microsoft Office/CLIPART/jose/chatis).

—¡Es que me cago en mis muertos! Es igual, dame el portátil, creo que tenemos tiempo. Mientras lo llevo a «reparar» tú dúchate y vístete, la prensa estará aquí pronto.

—No tengo ropa.

—¿Que no tienes ropa?

—Desde que se fue la última chica que limpiaba por… en fin, desavenencias en las labores que tenía que desarrollar, la ropa no se ha lavado y el traje de ayer… bueno, que no está presentable.

No voy a repetir la respuesta que recibí porque se usó un tono y un vocabulario que estaba absolutamente fuera de lugar, pero se acordó que yo me metería en la ducha y mientras tanto se me compraría ropa en un Carrefour cercano. «Podría ser peor», pensé «Podría ser ropa del Alcampo».

Salí de la ducha mucho antes de lo que es habitual, no estaba de humor. Como era de esperar, no había toallas limpias así que me dirigí cabizbajo hasta la pila de la ropa sucia para coger la prenda con el olor menos repulsivo y secarme con ella.

Miré el móvil. Carlota no me había respondido, tampoco Ariatna. Jessica hace tiempo que no lee mis mensajes y el jefe me había bloqueado después de que hiciera públicas nuestras conversaciones. Maldito mojigato desagradecido. Lo que más me jode es que aun así acudiría sin dudarlo si me volviera a llamar. Qué le voy a hacer, soy un puto sentimental.

No tenía a nadie, ahora sí era cierto. Si al menos hubiera podido convencer a Puigdemont de que aprobara los presupuestos… pero es imposible negociar con esa gente. Coño, vive en un país donde el plato típico son mejillones con patatas fritas, ¿qué clase de persona haría algo así? Desde luego alguien que no tiene nada que perder ya. Yo estaré en horas bajas, pero al menos me puedo tomar un pincho de tortilla y un carajillo cuando me dé la gana.

Volvió a sonar el telefonillo y fui hasta allí para abrir. Esperé a que mi abogado llamara al timbre junto a la puerta, desnudo, claro. Ha sido un momento duro, no lo voy a negar. Llamaron a la puerta y abrí. No era mi abogado. Era el técnico del gas. No alcanzó a decir ni una palabra, normal, modestia aparte, sé que mi físico puede resultar abrumador. Le dije que no me interesaba lo que fuera que venía a hacer y cerré la puerta. Volvieron a llamar a la puerta. Esta vez usé la mirilla. Era mi abogado.

—¡Dios! Aquí tienes la ropa— dijo evitando el contacto visual.

—¿Unos vaqueros y una camiseta? ¿Soy de SUMAR acaso?

—Es lo que hay. Y date prisa que la prensa ya está aquí. ¿Estás en condiciones de enfrentarte a ellos?

¿Que si estoy en condiciones? Este mequetrefe no sabe con quién está hablando. A los plumillas estos me los meriendo en un santiamén. Soy el maldito Ábalos, joder. El que piense que se puede acabar conmigo así de fácil está muy equivocado.

Álex Scampa
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