Hubo una temporada, allá por mis felices años veinte, en que me dio por pensar que mi genio estaba desaprovechado mientras me pudría en las oficinas de una filatelia cualquiera, sin mayores pretensiones que las de acabar fundiéndome definitivamente con la silla sobre la que me dejaba caer de lunes a viernes, como todo hijo de vecino. Consumido por la mediocridad laboral que horadaba mi vida, harto de las tareas rutinarias y alienantes que teñían de negro la tercera parte de mis días, y, por qué no decirlo, arengado por esa rebeldía con un punto de inconsciencia tan propia de la juventud, me puse digno y tuve un arranque de inconformismo vital. O de estupidez, podría decirse también, pues no se me ocurrió otra cosa que ganar todos los premios literarios en lengua castellana de cuya existencia fuera conocedor. Si las cosas marchaban, calculé optimistamente, podría fletar mi propio yate en apenas un par de años. ¡Se iba a acabar lo de ser un pintamonas!
Así las cosas, pulí con precisión de cirujano barbero unas cuantas historias que guardaba en un antiguo diskette de mi ordenador Amstrad y elucubré para la ocasión un par de genialidades más. Reuní algún material de oficina que me pareció que les sobraba a mis jefes, grapé y ensobré todo después de dejar seca la impresora de mi empresa y empecé a participar en todos los certámenes remunerados que se anunciaban por la red. ¡Iba a por todas!
Por culpa de las prisas y el estrés propio de alguien que se inscribe en cuatro concursos al día, me confundí un par de veces con el destinatario de mi correspondencia. Primero envié un relato pornográfico al concurso de poesía católica de la parroquia de Santa Lourdes, donde unas adorables ancianitas recaudaban fondos para comprarle a la madre superiora un Audi TT descapotable, dotando al ganador del concurso de un cilicio de cuero totalmente personalizado. Dos días después del entuerto a la comunidad cristiana, recibí una carta de BANCAJA en la que rechazaban un ensayo sobre los beneficios de la cocaína como proyecto de obra social susceptible de financiación por su parte. Aparte de eso, supuse que el resto de cartas habían llegado a sus destinatarios.
Durante unas semanas esperé la llamada de alguien que me hiciera un poco más rico, pero no pasó nada destacable, más allá de un par de pajas muy buenas. Casi había perdido toda esperanza y las llaves de casa cuando recibí una carta de la Compañía de Aguas donde me decían lo siguiente:
Estimado Arturo:
Desconocemos el motivo por el cual nos ha hecho llegar su tesis sobre la depresión crónica del ratón marsupial, razón por la que nos hemos aventurado a suponer que, de alguna manera inexplicable, esto se puede relacionar con el pago que tiene pendiente con nuestra compañía y que, a día de hoy, asciende a 1200 euros. Tal vez ha supuesto, en algún momento de delirio etílico, que con su relato podría pagar la deuda y empezar a ducharse sin usar palanganas. Sentimos decirle que esta versión de los hechos difiere de la realidad a un nivel que no podría ser procesado ni por una computadora cuántica, pero le animamos a que siga escribiendo, ya que aquí, en las oficinas de la Compañía de Aguas de Barcelona, nos hemos reído una barbaridad con el retrato desgarrador que hace de la comunidad roedora del sur de Australia, posiblemente los bichos más tristes que hayan pisado la faz de la tierra. ¿Ha considerado la posibilidad de pagar su deuda en cómodos plazos?
Atentamente
Un oficial anónimo de la Compañía de Aguas de Barcelona
Compañía de Aguas de Barcelona (AGBAR)
Cachirulo fálico 3-5
08110
Barcelona
Tal vez tendría que seguir usando el cazo de hervir pasta para lavarme los sobacos, reflexioné mientras fregaba una palangana surtidora con la ayuda de un sofisticado sistema de poleas ingeniado por mí mismo, pero alguien había reconocido mi mérito y me alentaba para que continuase escribiendo. No podía decepcionar a mi público, así que les hice llegar mi respuesta al día siguiente:
Estimados amigos:
Muchas gracias por sus palabras de apoyo. Si no me deshidrato antes, me gustaría conocerles en persona para aclarar el tema del pago, ya que llevo varios meses intentando dar de alta el suministro del agua, pero siempre me surge algún imprevisto absurdo, no encuentro el momento adecuado o simplemente no me apetece hacerlo cuando dispongo del tiempo y el dinero necesarios. No creo que el tema de pagar a plazos suponga un cambio significativo en mi actitud, pero hacen bien intentándolo.
Ya que se interesan por mi trabajo, les diré que estoy preparando una obra de teatro underground en la que los burócratas de una Compañía de Aguas acaban siendo devorados por una piara de semejantes, es decir, de cerdos. Les avisaré cuando sepa la fecha del estreno, al que por supuesto están invitados. Por las dudas: ¿de cuantas mensualidades hablamos?
Atentamente
Arturo
El poco tiempo que tardaron en responder a mi carta, dos horas y cuarto, no hizo sino confirmar mis sospechas acerca del mucho tiempo libre del que disponen los funcionarios públicos, en general, y los de las aguas privadas, por extensión:
Hola de nuevo, amigo Arturo. No imagina lo mucho que nos ha alegrado saber que continúa escribiendo y que, además, tiene un proyecto en mente que lo mantendrá bastante ocupado en la cárcel. Si en los próximos días se persona un visitador judicial en su domicilio no se alarme, ya que es el procedimiento habitual en los casos de embargo. Yo, en su lugar, empezaría a escarbar en la montaña de inmundicias que debe ahogarlo en estos momentos y me haría con los cartones más resistentes que encuentre, ya que necesitará de un buen abrigo mientras no se celebra el juicio. Si le sirve de algo, sabemos de buena tinta que las máquinas de regado de la mayoría de los jardines públicos no se activan hasta bien entrada la mañana, así que podría ir buscando en su parque de vagabundos de confianza algún sitio donde acampar con las cuatro porquerías que lleve a cuestas. No sea tonto y disfrute del tiempo libre que le brindará su inminente despido, porque de eso también nos hemos encargado. Es importante que exprima todo lo que pueda de las partículas de oxígeno que le brinde la madre naturaleza antes de ser sodomizado en cualquier envite carcelario. Es un consejo, totalmente gratuito, que le dan sus amigos de la Compañía de Aguas.
Por último, nos gustaría despedirnos de usted. No sabemos si ya estará hurtando algún carrito de supermercado a estas alturas, así que presuponemos con cierto temor que no pueda hacernos llegar su respuesta por la falta de medios y nos anticipamos al inexorable desenlace de su destino con esta cariñosa despedida.
Respecto al aplazamiento de la deuda, y teniendo en cuenta su nuevo estatus de vagabundo, podríamos alargarlo hasta los tres años, si es que llegase a vivir tanto.
Atentamente
Compañía de Aguas de Barcelona (AGBAR)
Cachirulo fálico 3-5
08110
Barcelona
«¿Con que esas tenemos, eh?», exclamé en voz alta al tiempo que llenaba una cubitera de plástico con Agua del nacimiento del monte Fuji, a cinco pavos el litro. No me hice de rogar y en apenas una hora ya estaba entregando mi réplica en la oficina de correos más cercana:
Desconozco los motivos que tendrá la Compañía de Aguas de Barcelona, entidad de reconocida solvencia y a la cual tenía por seria institución, para ubicar a un psicótico desequilibrado como usted en su departamento de relaciones públicas. Ya puede estar agradecida su prole, adivino que disfuncional, al amigo o familiar que haya movidos los hilos necesarios para colocarlo a perpetuidad en el cubículo donde germina sus fantasías de esquizofrénico, privando de un buen sueldo a una persona más capaz y cuerda y restregando por el fango la imagen corporativa de la empresa que representa con tan poca vergüenza.
Ya he dado parte de sus amenazas a las autoridades correspondientes, así que no me infle más el bajo vientre o haré que caiga sobre usted una montaña de mierda de proporciones bíblicas.
Respecto a lo otro, podría considerarlo si me dejan pagar la deuda en cinco años.
Atentamente
Arturo
Volviendo a casa de la oficina de Correos, ví como el cartero dejaba en mi buzón la respuesta de la Compañía de Aguas:
Como estamos, amigo Arturo. Le habla Jordi, de la planta ejecutiva. Quisiera pedirle disculpas en nombre de la Compañía de Aguas de Barcelona por el colapso neuronal que, por lo que traslucen sus palabras, padece a raíz del pronto embargo. Quizás se nos ha pasado por alto comentarle que disponemos de una grabación tomada con una cámara de videovigilancia que instalamos en todas las salidas de aguas fecales por motivos de seguridad. En la misma sale usted disfrazado de Groucho Marx, quién sabe por qué, mientras empalma la tubería de un vecino con la suya, justo antes de ser pillado in fraganti por el cartero, al que, todavía no sabemos cómo, logra engatusar para que olvide el tema y le preste veinte euros. Esa cinta ya obra en manos de un juez poco benevolente que, en menos que silba un reno, lo pondrá a usted de patitas en la calle, así que mejor no se haga el chulo, porque, con esa actitud, no creo que haga demasiados amigos en el comedor para pobres. Pague o aténgase a las consecuencias.
Atentamente
Compañía de Aguas de Barcelona (AGBAR)
Cachirulo fálico 3-5
08110 Barcelona
Mentiría si dijera que esperaba una respuesta tan directa y tan comprometedora por la vía penal. El órdago de la Compañía de Aguas me obligó a improvisar sobre la marcha. Me puse a toda prisa un gabán negro extraído de mi habitáculo para trapos raídos, quemé la carta acusadora en el retrete y logré instalarme sin muchas dificultades en el cuarto de invitados de un primo al que tuve que convencer antes de nuestro parentesco.
A día de hoy, prófugo de la justicia, obtengo mis dosis de líquido elemento de supermercados y fuentes públicas.


