1. Jazztelienses
Mis hermanos y yo celebramos la sagrada Fiesta del Cordero. Y todos comimos del sacrificio honrando al Padre y al Hijo. Bebimos vino y comimos copiosamente, como ordenan los cánones. A los pacharanes fuimos todos bendecidos con el sopor al que cedimos con gran placer. Yo mismo me dejé llevar a la fresca en una silla de mimbre en el porche, sostenido por los ángeles y arcángeles y llevado al cielo de los Justos. Y en ese estado divino hubiese quedado de no ser porque vosotros, vosotros bellacos, tenéis en vuestra mala sangre la interrupción de los rituales más sagrados. Habláis con la lengua de la serpiente cuando me decís que la oferta es buena, que mi operador es el Diablo. Pero veo en vosotros a la Serpiente ofreciendo la manzana de la permanencia eterna. ¡Estoy en la lista Robinson! ¿Acaso eso importa? ¿Acaso eso ha detenido vuestro mal? No ha supuesto una barrera ni hoy ni ayer y sé que seguiréis con vuestro empeño tratando de resquebrajar mi fe y que acabe blasfemando cuando os oiga otra vez llamar. No lo conseguiréis. Dejad de hacerlo. Caiga sobre vosotros la ira del Padre. Me cago yo en el vuestro.
2. Epístola al Seguro.
Cuarenta y seis. Son ya cuarenta y seis epístolas que os mando, tratando de que encontréis el camino de la rectitud y de los buenos. Pasará antes un camello por el ojo de una aguja antes de que tengáis la voluntad de mandar a un pintor a tapar las humedades del techo del baño. Vino uno, en tiempos, emisario del compromiso que firmamos. Y fue recibido con vítores, acogido y agasajado como al pobre y al extranjero. Hubo gran regocijo y agradecimiento por las plegarias respondidas. Hasta que el hombre entró en el baño y dijo que a él le habían dicho que sólo podía pintar hasta cinco metros cuadrados. Cinco metros cuadrados, además, no consecutivos. De un techo de casi veinte. Le dejamos marchar. Aún recordamos con angustia su figura desapareciendo en el horizonte del ocaso, cual esperanza marchita. Manden otro ya. Manden otro ya o sufriréis la Ira del Padre.
3. Carta a los diseñadores de Juegos de Mesa modernos
Me recibí como sacerdote con gran entusiasmo, pero con gran esfuerzo. Aprendí de mis mayores los rituales y los salmos que tuve que memorizar con precisión para cumplir con los sacramentos del Señor. Ser pastor de almas es duro, aún cuando es necesario y satisfactorio. Y sin embargo, a pesar de aquel trabajo digno de Hércules, no había vivido mayor prueba que la de los pantagruélicos manuales, laberintos para la mente, que ahora tenéis por bien perpetrar. ¿Es la mano del Adversario la que os guía para confundirnos tanto que no sepamos, al final si el adversario somos nosotros mismos? ¿Qué había de malo en el parchís, cuyo mayor desafío era sacar un cinco en un dado? Ahora tengo que saber quién es Hitler durante la Ronda de Preparación, siempre que haya una Torre de Belphemot en juego y nunca antes del fin de la Fase de Misterio, en cuyo caso tendría que vigilar si la visibilidad de las casillas hexagonales (a distancia 3 + modificadores), me permite realizar un ataque a distancia con coste de Maná 5, para lo cual necesito haber construido antes la Serrería. Ojalá encontréis pronto el Camino del Señor, si es que podéis sacar un cinco en el dado.



Bravooooo!
Prodigioso!
Maravilla
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