Homero escribe la redacción «El mejor momento del verano» para Thiago Pérez Zúñiga de 4ºB

Canta, ¡oh, Profesora!, la ira de Thiago, hijo de Antonio el de la carnicería, que trajo incontables males a los alumnos de 4ºB del CEIP Nuestra Señora de la Zurraspa. Demasiados acabaron con moratones y mucha ropa recién estrenada fue manchada de pintura desde el momento en que José Ramón, caudillo de toda la clase, y Thiago, de gran aura, se enemistaron.

¿Y cuál de los adultos fue el que los empujó a pelearse? Fue la Toñi, madre de José Ramón, que estaba enfadada con él porque su egoísmo le recordaba cada vez más a su exmarido, Andrés, hijo de Andrés, hombre cobarde y de baja estatura, padre de José Ramón y Andresín. Toñi obligó a José Ramón a entregar a Andresín un muñequito de Minecraft que había conseguido después del saqueo de la piñata como sacrificio para el buen desarrollo del cumpleaños.

Al ver que Thiago hablaba a sus compañeros y les decía que el sacrificio era necesario y de justicia, José Ramón, baluarte de 4ºB, capitán del equipo de fútbol, entró en cólera y dijo:

—Thiago, por muy valiente que seas no me burlarás. ¿Es que has de conservar tu botín mientras yo me quedo sin el mío sin quejarme? Que los de 4ºB me busquen un botín justo o me quedaré con el tuyo.

Thiago lo miró con el ceño fruncido y respondió:

—Estás embebido de insolencia y sed de riquezas, bro. ¿Con qué ánimo puede ninguno de los de 4ºB hacer lo que les pides? No hemos venido aquí a luchar por ningún mal que nos hayan hecho los niños de Villacardos del Secarral. No tenemos ninguna disputa con ellos. Te hemos seguido para que tu desvergonzada persona y tu primo Wenceslao os venguéis de los villacardeños porque decís que os robaron una bicicleta. Quédate con mi botín, si es lo que deseas, pero no cuentes con que luche en el paintball. Ahora, por tanto, me marcho; será mucho mejor para mí irme al coche y jugar a la Nintendo Switch, pues no seguiré deshonrándome por ti.

Así habló Thiago y sus palabras enturbiaron los corazones de sus compañeros. Muchas penurias habían pasado por seguir a José Ramón; más de una hora de coche para llegar al parque de multiaventura «Ecofun» sin poder ver TikTok porque no hay datos y ahora veían como se retiraba su campeón más valeroso. Aun así, acudieron al combate pues el grito de guerra de su caudillo infundía respeto en los aliados y temor en los enemigos ya que era terrible y grave, igualable a una canción de Quevedo.

¿Y quién, oh Profesora, batalló por parte de 4ºB? Pues Leire y Patricia, campeonas del equipo de baloncesto, que señoreaban el banco bajo la morera del patio. También acudieron Lucas y Manu, hijos de Lupe y Rodrigo, amos de la papelería Luyro, abundante en cromos. Y los que señoreaban la escalera de la biblioteca, Mencía y Leo, cuya sabiduría sobre Pokémon era inigualable entre los mortales. Además de ellos, estaba Martín, imbatible en el «pilla pilla», que lucía las gafas de sol de Thiago que este le cedió para para que infundiera admiración en sus aliados. Y Pepe. También estaba Pepe.

Los alumnos de 4ºB capturaron y mataron un saltamontes como sacrificio y rezaron a Doraemon para salir airosos de la batalla. Cuando terminaron, vertieron la Cocacola en la Fanta naranja y añadieron gusanitos. Una vez comieron y bebieron hasta hartarse, se dirigieron al lugar de la contienda, donde las huestes de Villacardos del Secarral ya estaban desplegadas, esperándoles, con sus dos principales héroes al frente, Nicanor, baluarte y caudillo de todos los villacardeños, y Luis, de una sola ceja, su hermano. Entonces Nicanor habló:

—Oíd de mi boca las palabras de Luis, que fue quien causó esta disputa. Pide que no combatamos y que él y Wenceslao decidan quién se queda la bicicleta mediante una batalla de farmear aura.

Y José Ramón respondió:

—Ni hablar. Mi madre ha pagado un extra por la actividad de paintball y si no aprovechamos estos cincuenta minutos mi alma será condenada a vagar por todo el trimestre sin poder jugar a la Play.

Así que se lanzaron los unos contra los otros con violencia y ferocidad, pero con miedo también, igual que el Xocas cuando habla de una mujer.

Desde el primer momento, la victoria se decantó por el lado de los de 4ºB, infligiendo terribles daños a sus rivales. Era tal su superioridad que Jacobo, el monitor, viendo el sufrimiento de los villacardeños desde su atalaya, se apiadó de ellos e hizo que su munición se multiplicara y él mismo comenzó a castigar a los de 4ºB disparándoles ráfagas de proyectiles que les causaban dolor y los bañaba en pintura amarilla. Entonces Nicanor impactó a Martín en la sien derecha haciendo que su vista se oscureciera (por la pintura) y las gafas de Thiago cayeron al suelo con gran estruendo.

Fue ver sus gafas rotas lo que hizo que Thiago abandonara su cólera y tomara, al fin, partido en el enfrentamiento pues eran muy queridas por él. Así que se encomendó a la Toñi para que obligara a Jacobo a abandonar la batalla y esta le escuchó. El monitor, abrumado por el grito poderoso de la Toñi, dejó de castigar a las huestes de José Ramón cuando comenzaba la última partida, la que debía desempatar la contienda.

¡Oh, profesora!, con qué furia Thiago doblegó a los villacardeños. No quedó uno que no recibiera el impacto de sus proyectiles. Y no se conformó con arrebatarles la bandera, sino que persiguió a Nicanor durante largo tiempo para alcanzar su venganza. Este, una vez extenuado, se volvió y pidió clemencia, pero Thiago se la negó con severidad. Entonces Nicanor dijo:

—Te daré mi «butter squishy».

Thiago arqueó sus cejas y respondió:

—Bueno, vale.

Álex Scampa
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