Hola Clara,
Me llamo Campoamor. Sé que no tienes mucha idea de plantas, así que empezaré por el principio. Soy un vegetal de la familia de las Cactaceae. Parezco poca cosa, pero piensa que mi diseño se ha desarrollado durante 80 millones de años de evolución. Tengo la increíble capacidad de vivir sin agua durante meses gracias a mis reservas acuosas. Mis raíces son amplias y superficiales para aprovechar las lluvias ocasionales. A diferencia de otras plantas, dispongo de un mecanismo que me permite no absorber dióxido de carbono durante las horas más calientes del día y mantener mis estomas cerrados; digamos que sería como aguantar la respiración. Así consigo disminuir la pérdida de agua por transpiración. También soy capaz de realizar la fotosíntesis a través del tallo, algo que no pueden hacer otras plantas y que me ha permitido desarrollar areolas, que es de donde salen cientos de afiladas espinas… Soy más que un organismo vivo, Clara. Soy una máquina perfectamente diseñada. Y ahora tienes el privilegio de tenerme en tus manos…
Dicho esto, vayamos a lo importante. ¿Me puedes dejar en cualquier esquina?
No sé, tampoco ocupo mucho espacio ni necesito mucha luz.
De vez en cuando, tienes que regarme, porque, como comprenderás, no puedo ir hasta el grifo de la cocina; no sé, lo que te sobre del vaso de agua que hay en tu mesilla de noche, eso me vale… Pero, por favor, no te olvides.
Y tampoco me riegues mucho, que me ahogas. No es fácil ser un cactus, ¿sabes?
Perdona, estoy un poco nervioso. Llevo dos meses en un chino —perdón, bazar oriental—, esperando a que alguien me compre. Solo quería impresionarte.
Es un poco triste… A veces, desearía haber nacido geranio… Pero no, soy un puto cactus, ¿vale? ¿Qué mierda era esa de un organismo perfectamente diseñado? Siempre suelto el mismo cuento al principio. ¿A quién trato de engañar? Es que ni huelo bien; bueno, de vez en cuando saco alguna flor, pero solo dura 24 horas… Cómo vas a quererme si ni siquiera me quiero a mí mismo…
Mira, tírame a la basura ya, acabemos con esto; ¿para qué alargar lo inevitable…?
No, no hay que perder la esperanza. Venga, Campoamor, tú puedes, seguro que le has caído bien. Venga, confía en ella… Incluso puede que te coja un poquito de cariño. Bueno, Clara. Perdona mis idas y venidas. Un abra… Joder, no me puedo despedir ni con un abrazo… ¿Quién quiere abrazar a un cactus?
Ah, bueno, muéveme de vez en cuando, que mirar hacia el mismo sitio siempre, pues aburre…


