Después de investigar a cuántos niños de ocho años podría vencer un adulto encerrado en una cancha de baloncesto y sin otra arma que los puños, las universidades más prestigiosas del mundo, y ante el cada vez más inminente apocalipsis nuclear, han comenzado a estudiar la capacidad del ser humano para combatir contra los futuros y más factibles enemigos que se encontrará.
En el escenario madmaxiano, una de las cuestiones que más interesa a los científicos es el potencial físico que tendrán los supervivientes para enfrentarse a animales domesticados que se verán libres y que, sin duda, albergarán un enorme deseo de venganza tras años de encierro, explotación y, en la mayoría de casos, procesamiento para ser convertidos en comida.
Entre todos los animales posibles, los expertos han puesto el foco en las gallinas, por razones obvias. Todo el mundo sabe que son aves de mucha memoria, con lo que su rencor por haberles robado los huevos para hacer tortillas de patata y el hecho de haber convertido su carne en deliciosos empanados, crujientes alitas picantes, jugosas hamburguesas y sabrosos nuggets durante siglos les llevará a arrojarse con violencia sobre nuestra especie desde el primer momento.
En el mundo hay aproximadamente ocho mil millones de gallinas, según internet. Tras el apocalipsis y una vez superado el primer año de invierno nuclear, así como el colapso de los ecosistemas, las revistas científicas más acreditadas (Nature, Science y Muy Interesante) apuntan a que en el mundo quedará un tres por ciento de la población actual, esto es, unos cincuenta millones de personas, entre los que esos mismos investigadores confían no se encuentren Donald Trump, Ana Rosa Quintana ni Pablo Motos.
Un complicado cálculo realizado por las mayores supercomputadoras imposible de explicar aquí, arroja la conclusión de que cada ser humano debería enfrentarse a ciento sesenta gallinas.
Ante esta descorazonadora cifra, los mejores doctores de diversas ramas del conocimiento se han preguntado: ¿estaremos capacitados para vencerlas a todas?
Para responder a esta cuestión tan transcendental, tomaron en cuenta los siguientes datos:
1) Las gallinas son capaces de volar, al menos, durante unos segundos antes de que una fuerza misteriosa las vuelva a colocar en el suelo*.
2) Las gallinas tienen picos y uñas que se pueden afilar con limas y usar con mala intención.
3) Pueden hacer caca hasta quince veces al día y es una caca especialmente líquida y asquerosa.
4) Lejos de lo que se pensaba, las gallinas también pueden correr y alcanzan velocidades de hasta 14 kilómetros por hora**.
5) Tienen plumas, lo cual las protege de posibles puñetazos en la nuca.
6) Tienen un líder, al que obedecen de forma ciega y dejan picotear todo el grano que quiera, establecer la línea ideológica y liderar las campañas electorales.
7) Poseen un proventrículo e ingieren piedras que les ayudan en la digestión y que quizá pueden arrojar a altas velocidades por el pico y a lo mejor hasta por el culo junto****.
8) Duermen ocho horas y se despiertan con las primeras luces del alba, a no ser que la noche anterior hayan bebido y comido palomitas mientras veían una serie de Netflix.
9) Pesan poco, aunque si se juntan en una bola pegándose con superglú el peso aumenta significativamente.
10) No pueden comer aguacates, tomates verdes ni berenjenas, lo que quiere decir que no pueden cocinar guacamole ni una samfaina decente.
11) Les gustan los baños de arena, quizá porque en sus casas no tienen ducha.
12) Sus crestas recuerdan a los heavies, aunque hasta el momento no se ha visto a ninguna vistiendo una camiseta de Iron Maiden.
Teniendo en cuenta todos estos datos que muestran los puntos débiles y fuertes del enemigo, las conclusiones a las que han llegado los investigadores para cuando el ser humano se vea obligado a luchar contra las gallinas son las siguientes:
1) Se les puede pegar patadas, siempre y cuando se encuentren cerca y en tierra, y mandarlas muy lejos.
2) Si se las lanza contra una pared, previsiblemente rebotarán, circunstancia que se puede aprovechar para rematarlas de cabeza.
3) Si se tiene una raqueta de tenis, se puede destruir a un gran número de gallinas siempre y cuando estas decidan atacar durante el vuelo y no nos caguen en los ojos.
4) Se les puede coger por la cresta con la punta de los dedos y usar el resto del cuerpo como arma, cuidando de que no se escape o esa gallina estará muy enfadada y atacará con mucha más rabia aumentando su fuerza en ocho puntos.
5) El momento más adecuado para combatir contra ellas es durante la noche, lo que pasa es que luego tendríamos mucho sueño por el día y entonces esa ventaja se perdería en beneficio de las gallinas, que nos podrían rajar el cuello mientras dormirmos.
6) Se les puede lanzar verduras y frutas desde una distancia adecuada mediante el uso de catapultas de un tamaño adaptado y, si bien algunas comerán y ganarán energía para seguir atacando, alguna se despistará y se comerá las berenjenas, tomates verdes y aguacates que hemos metido para despistar y morirá intoxicada.
7) Una estrategia viable es entretenerlas con música de Judas Priest para que bailen agitando la cabeza de alante hacia atrás y atacarlas a traición con una patada giratoria*****.
8) En caso de vernos rodeados, podemos escapar de un ejército de gallinas y establecer una distancia de seguridad prudencial para descansar, comer una bolsa de risketos y seguir atacando, excepto si se es un bebé.
Todo lo cual nos lleva a considerar que es muy difícil determinar de forma cierta si en esa batalla entre las personas y las gallinas venceremos o no, pero lo que sin duda se establece como un dato certero es que será una lucha muy dura en la que nos lo jugamos todo. Si perdemos (lo que es altamente probable), la humanidad dejará de cocinar quiches, lo cual supone, sin lugar a dudas, una gran victoria póstuma.
Gracias por su atención.
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* El récord de una gallina volando se estableció en 2017 y dejó una marca de trece segundos, abarcando la increíble distancia de noventa metros. Un bebé, en comparación, no puede volar a no ser que se le lance al aire para hacerle reír.
** Las personas sin unas dotes físicas descatables pueden correr a una velocidad de entre 18 y 24*** kilómetros por hora. En comparación, la velocidad de un bebé es de menos de 1 kilómetro por hora.
*** En el caso de que a ese ser humano le sobrevengan unas ganas muy fuertes de cagar, entonces esa velocidad aumenta significativamente.
**** La puntería con que pueden arrojar esas piedras por el pico o por el culo dependerá de las destrezas de cada gallina, de si ha tomado diazepam y de sus años de formación militar.
***** Es posible que no les guste esa música y prefieran los boleros.


