Hace tiempo vi en Néhfli (no hago publicidad y menos gratis) un reportaje sobre cien personas que me chocó bastante. Es lo bueno de ser idiota, que todo te soprende. Pues cogían el grupo de las cien personas y lo dividían en dos (gracias a Dios que el número cien es par, que sino vaya escabechina y qué muerte más gratuita). Entraban entonces en aulas separadas y se les mostraba las fotos de un chico y una chica describiendo crímenes cometidos por éstos, todos idénticos. En un aula las fotos que enseñaban eran de dos personas poco agraciadas y en la otra de dos personas como yo.
Después del relato de los hechos les preguntaban a los participantes qué pena les pondrían a cada uno. Pues tócate los cojones, Mariloli, como diría aquel, que a los guapos les sentenciaban a dos o tres años de cárcel, mientras que a los feos rollo veinte.
O sea, que la gente guapa, no sólo tienen más fácil el procrear (tenemos, perdón. Que no soy feo, ¡¿entendido?! Sólo empatizo con vosotros), sino que tienen también más manga ancha para hacer el mal. La vida en modo fácil se mire por donde se mire. Porque resulta que lo de la belleza provoca no sé qué del efecto halo y se asocia a la confianza y a la verdad.
Estamos de acuerdo en que eso, de primeras, es injusto. Y hay que hacer algo, evidentemente, porque aquí hemos venido a arreglar el mundo, no por la cháchara barata de ascensor, que por cierto, qué día más bueno se ha quedado, ¿no? Si es que no sabe uno qué ponerse.
Como la justicia tiene que ser justa, valga la redundancia, una solución pasaría por poner un factor corrector a las penas, dividiendo los años de cárcel de los orcos por diez, por ejemplo. Pero sacar antes de la cárcel atentaría contra los derechos humanos. No es de recibo liberar a todos esos adefesios por la calle como si fueran personas normales, y más en un país como el nuestro que vive del turismo. Lo último que queremos es que se líen con británicos (no digo ebrios por evitar redundancias) y acaben estos últimos asentándose en España antes de jubilarse incluso, implantando sus desayunos esos de habichuelas que mira, mejor seguid bebiendo que lo de comer aún se os da peor.
Hay quien dice de coger a los apuestos, de cara a su declaración, y vestirles de manera más mundana para así bajarlos al nivel de los mortales, con ropa de Ágatha Ruiz de la Prada, lo cual los llevaría directamente a la silla eléctrica y con razón, o directamente con sacos de patatas, pero eso es absurdo porque la idea es disminuir su sexapil. ¿Cómo va a ser eso antierótico? Tú imagina que muchas patatas de ese saco han acabado en una tortilla perfecta, cuajada lo justico, oscilando sobre la delgada línea que separa la sabrosura de la salmonela como las de Casa Luis, todos los martes oferta 2 x 1. Casa Luis, yor jaus of tortille (Luis, no me ha llegado el Bizum. Primer aviso).
Otra opción, ya más acorde a nuestros tiempos, es tatuarles un miembro viril en la frente. Posiblemente no solucione nada de cara al juicio, pero por lo menos que se jodan un poco, ya está bien, coño, putos guapos de los cojones que ojalá se acuesten todos conmigo mae mía que os hacía de to y que me da igual lo que te dibujes en la cara. Aunque seguro que se acaba poniendo de moda lo del falo, que toda esta gente es influencer y lo que toca lo convierte en oro. Y acabarían los feúchos con el mismo tatuaje, hasta que descubran que las pollas de los bellezones en la frente eran de henna en el siguiente reel, y por tanto, borrables. Aún os pasa poco.
Pero bueno, mientras se encuentre una solución definitiva que solucione el tema yo me consuelo sabiendo que esa gente con dinero, belleza y fama en el fondo no es feliz. Amargaos, que eso es lo que sois y a ver si me muero ya. Además, que tratarles de manera injusta para hacer justicia y compensar así la injusticia que provoca su guapura que tampoco eligen no sería justo. Tú me has entendido.
Y los feos dicen que tienen la ventaja de desarrollar más la personalidad, el humor y no sé qué más mierdas de esas supuestamente para compensar. Ces’t la vie y ya está, que tampoco pasa nada y la belleza está en el interior. Pero si necesitáis cometer cualquier delito no seais tontos y delegad en mí, a ver si con suerte me meten treinta años y empalmo ya con la jubilación, que se me está haciendo muy largo esto.


