Crónica del concierto del Papa Francisco en el Santiago Bernabéu


Veinticinco de marzo de 2023. El reloj marca las 22:00 hs justo cuando se apagan las luces del Santiago Bernabéu. Las 70.000 almas allí congregadas esperan impacientes la salida del máximo representante de Dios en la Tierra con el hype por las nubes.

Y no era para menos. Después de casi una década sin visitar nuestro país, el Papa Francisco aka Lil Pope llegaba a la ciudad del Manzanares con todo el papel vendido y un show engrasado a la perfección tras haber presentado su nuevo trabajo “Forever King” por medio mundo.

El simple rugido de un motor bastó para poner a todo el estadio patas arriba. Y ya cuando el Papa Móvil apareció derrapando, aquello se convirtió en el éxtasis de Santa Teresa. El Papa Francisco por fin pisaba el escenario con su ya icónico abrigo blanco de plumas, gustándose y dejándose querer al grito de “¡Aguante el rock and roll, carajo!”.

Los primeros compases de su último hit “God’s favourite child” ya dejaban claro que el Papa Francisco aka Pimp Paco no había venido a la capital de paseo. Pese a los rumores sobre su estado de salud, desde el comienzo se le vio con energía, corriendo de un lado para otro e interactuando con un público que ya no dejaría de saltar y cantar en toda la noche.

Sin tiempo de digerir el tsunami que se nos venía encima, el Pontífice encadenó todos los imprescindibles de su etapa reciente. Canciones como «Straight outta Bethlehem», “Altar boyz”, “Virgin, wild and free” o “I wonder If Heaven got a ghetto” entre otras, nos enseñaron que a veces, aquello de “de Madrid, al cielo” es mucho más que un lema turístico.

Pero también hubo hueco en el repertorio para los más fieles, con un medley de más de 20 minutos compuesto por temas del Antiguo Testamento. A servidor, que estuvo ahí desde el principio, cuando el por entonces conocido como 50 Saint se curtía en salas de 100 personas, este tramo del show le hizo saltar más de una lagrimita.

Después de la tormenta siempre viene la calma y eso bien lo sabe Francisco, que manejaba el pulso del espectáculo como los ángeles. Ya despojado de su voluminoso abrigo, se dirigió por la pasarela hasta el centro del estadio para dar paso a un set más íntimo, empezando por la mítica «Benedicto Equis Uve Palito». A buen seguro que el Papa emérito, allá donde esté, se emocionó igual que todos los que coreamos a pleno pulmón este mítico estribillo.

El broche de oro a un concierto épico – algo corto, eso sí- lo puso la versión orquestal de “Cheesus”, el tema de 2019 en el que contó con la colaboración del mismísimo Dios, y para el que solicitó la ayuda de todos los presentes: “Dios está dentro de cada uno de ustedes, déjense la voz que esta es la última”.

Y efectivamente, sin ni siquiera hacer el amago de irse y volver para los bises, el Papa Francisco aka El Papito dejó caer el micro al suelo y se despidió de sus fans españoles dándose golpes en el pecho mientras iba señalando al público.
Que cada uno piense lo que quiera, pero yo sé que ese dedo acusador iba dirigido a sus haters. Esos que van diciendo que ya no es lo que era, que se ha vendido y que se ha vuelto demasiado mainstream. A todos esos que van hablando mierda en redes sin tener ni puta idea, les voy a decir una cosa: que la sigan chupando. El Papa empezó de cero en garitos y raves y ahora que está asentado en la cima no se va a bajar en mucho tiempo.

No me gustaría terminar estas líneas con malas vibras. No sería justo. Lo vivido el sábado en el estadio del Real Madrid fue histórico, un derroche de puesta en escena y compromiso con el arte a todos los niveles. Una noche redonda que confirma a Francisco I como una leyenda de la música que trasciende a modas y generaciones y a la que, le pese a quien le pese, le queda cuerda para rato.

José Martín Navajas
José Martín Navajashttp://www.josemartinnavajas.com
Malagueño nada saleroso. Me flipa la pizza con piña y poner el tendedero. Me gano el jornal vilmente trabajando en publicidad como copywriter creativo, aunque de vez en cuando hago mis pinitos como ilustrador por las risas. En la guardería hicimos una representación de las diferentes comunidades autónomas de España con sus trajes, bailes y demás y a mí me asignaron Andorra (Adjunto foto)

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