Pedro Sánchez, harto de ataques hacia su persona y familia, de motes de colegio, especulaciones tránsfobas hacia su mujer y patochadas propias de niñatos abusones de universidad privada, decide crear el Real Decreto Me Cago En La Puta Que Os Parió (156/01 de junio de 2026) con intención de controlar a los medios infraperiodísticos.
Begoña, su mujer, le pide que no lo haga. Le van a llamar dictador, autócrata, absolutista, déspota, imperioso y más sinónimos sacados de un diccionario del siglo XIV. Le van a echar en cara que busca controlar los medios de comunicación y mantener sólo aquellos que están a su favor y le lamen la picha, etcétera, etcétera, etcétera.
Pedro dice que eso ya está pasando.
Begoña le pregunta entonces si esa noche quiere pizza o mejor un bocadillo con el pollo que sobró del medio día.
Pedro responde que lo que le apetece en realidad es un poco de sexo.
Begoña dice que está muy preocupada con lo que está pasando en el Gobierno.
Pedro responde que está mandando a todos los ministros como cabeza de lista en las elecciones autonómicas para renovar el Gobierno y que en las generales todo va a salirle a pedir de boca.
—Pero, cariño, ¿sabes lo que en realidad me pide ahora mismo la boca?
Begoña se queda un rato pensando.
—¿Un dúrum kebab?
Pedro sonríe y le da un beso a su mujer. Añade que no tiene que preocuparse, que con su plan y su Real Decreto Me Cago En La Puta Que Os Parió (156/01 de junio de 2026) protegerá al periodismo crítico de calidad fundamentado en sus propios códigos deontológicos, perseguirá los bulos, acabará con la seudoprensa y les pegará una patada en los huevos a esas alimañas del ultracapitalismo que con dinero de instituciones públicas y privadas interesadas (aquí se le va hinchando fuerte la vena) quieren convertir el mundo en un mercado para el mejor postor, destrozando y manipulando a la clase obrera y condenándola a un futuro devastador utilizando a jueces fascistas.
Begoña le responde que no ha entendido la mitad de las cosas que ha dicho. Estaba buscando en el congelador una bolsa de croquetas de chipirones en su tinta que pensaba que habían comprado los del servicio de Moncloa, pero parece que no, y le da mucha rabia porque se le habían antojado de repente unas croquetas de chipirones en su tinta.
Pedro repite lo de antes.
Begoña insiste en que si ya le consideran un tirano, si se pone a cerrar páginas de pesudoperiódicuchos fachuzomierdas o a crear leyes que regulen el cuarto poder, los ataques se van a quintuplicar, y que mejor piden una hamburguesa.
Pedro se serena y le dice a Begoña que está muy guapa y que es muy lista, menos mal que la tiene a su lado.
A pesar de lo preocupada que está Begoña y de su indecisión sobre lo que van a cenar, hacen el amor durante cinco horas.
Pedro se levanta de madrugada. Tiene un plan.
Escribe una nueva carta a los españoles de bien. Les dice que la cosa se está saliendo de madre y que no puede ser, que se está poniendo todo chunguísimo. Necesita pensar durante unos días (casualmente caen en puente largo) para ver si deja el Gobierno, pero esta vez de verdad. Se graba haciendo flexiones sin camiseta y cuelga el vídeo en TikTok.
Recibe cuatrocientos catorce mil quinientos diecisiete «Me gusta».
Publica la carta en Twitter.
Cuando la lee, el rey le da like dando a entender que está conforme.
El lunes a las 12, España conocerá la decisión de Pedro.
En el último momento, cambia la hora a las 11 porque no se acordaba de que tenía cita con el peluquero. Piensa luego en ponerlo a la 13, porque así sale con el pelo corto y más guapo.
Begoña le dice que pare ya de hacer el tonto.
En el discurso, Pedro Sánchez habla de su Real Decreto Me Cago En La Puta Que Os Parió (156/01 de junio de 2026) y amenaza con que se preparen los que le han estado jodiendo, ellos saben quiénes son. El Perro les va a dar lo que quieren. Se guarda el pene y los testículos, se sube la cremallera, coge los papeles y se da la vuelta. En el último momento, antes de meterse en la Moncloa, se gira, señala a cámara, guiña un ojo y lanza un beso.
Al minuto siguiente, las redes se llenan de insultos hacia Pedro Sánchez.
Feijoó está escribiendo un tuit súperlargo llamándole felón y otras cosas sacadas del Cantar del Mío Cid, cuando de un patadón se abre la puerta de su piso. Feijoó está todavía con el pijama largo con estampado de palmeritas lleno de manchas de café y dentrífico. Ve una figura encapuchada, con capa y sin camiseta que se acerca hacia él con paso decidido.
Al día siguiente, los periódicos publican noticias de ataques a diferentes líderes y lideresas del PP y de VOX por parte de un personaje misterioso con capa y unos pectorales y abdominales fabulosos. Nadie sabe quién es. No pueden relacionarlo con Pedro Sánchez porque en el momento de los ataques Pedro siempre estaba dando una rueda de prensa desde la Moncloa, en algún congreso internacional, siendo entrevistado en la radio o en el podcast de Estirando el chicle.
Solo Begoña sabe la verdad.
Los días que Pedro pidió para reflexionar llamó a una empresa de construcción. Bajo la Moncloa ahora hay una cueva subterránea con aire acondicionado, cocina totalmente equipada, un dormitorio con cama de agua y forma de corazón, un baño con jacuzzi y un acceso directo a la M30. En una vitrina, una capucha, un pantalón ajustado negro, un cinturón Versace y una capa roja con las iniciales «SPSPC» (Súper Pedro Sánchez Pérez-Castejón) estampadas en blanco.
Durante los meses siguientes, SPSPC se lía a pegar hostias a políticos del PP, de VOX, de Junts per Catalunya, pero también (y a lo mejor para despistar o por el simple placer de hacerlo) a líderes de Podemos, de Sumar y de Izquierda Unida, así como a los dueños de panfletos derechones viertetrolas. Los ataques coinciden siempre con entrevistas pregrabadas en un plan maquiavélico que termina con toda la oposición y acaba definitivamente con los seudomedios.
Nadie nunca se olió la tostada.
SPSPC aprovechó sus correrías para pasarse por las casas de millones de españoles. Charló con ellos sobre las virtudes del socialismo y convenció a la mayoría. Siempre llevaba raciones generosas de churros con chocolate y hacía el amor a quien se lo pedía.
En las elecciones generales, con la oposición abrumada por los ataques del súperheroe y una población encadilada, el PSOE obtuvo una victoria aplastante.
Epílogo
Tras llegar al poder, el PSOE puso en marcha varias medidas para mejorar la calidad en la vida de las personas.
Nunca derogó la llamada Ley mordaza ni tampoco aprobó medidas efectivas para contolar la subida en los precios del alquiler ni de la vivienda. Aún así, ganaron cuatro elecciones generales consecutivas por mayoría absoluta.
Algunos nuevos casos de corrupción, desvío de dinero público a empresas privadas, denuncias por comisiones y tráficos de influencias provocaron la caída definitiva del PSOE.
Como la oposición no existía, se llegó a un estado anárquico que provocó la anexión de España a Portugal.
El nuevo país se dio por llamar Portuganha.
Pedro Sánchez murió a los noventa y siete años al caerse de la bici y estrellarse contra una roca mientras descendía a toda velocidad por un circuito de montaña sin camiseta. Llevaba la capa de SPSPC puesta y se le enredó en la rueda trasera.
Fue enterrado en el Valle de los Caídos. En el entierro, la banda Guns N’ Roses (de la que tan sólo quedaba vivo Slash) tocó Sweet Child O’ Mine. El féretro se cubrió de un millón de rosas rojas, pañuelos perfumados y fotos de mujeres y hombres desnudos.
Cuarenta y dos años después, la caída de un meteorito destruyó el Valle de los Caídos.
Con el paso de las décadas, el socavón de un kilómetro de diámetro se cubrió de vegetación mediterránea perennifolia y xerófila.
Los portuguenhos van de vez en cuando a echar el día y se llevan fiambreras con ensaladilla rusa, tortilla de patatas, empanadillas de camarón y buñuelos de bacalao.
Un día, mientras su familia disfruta de un día de pícnic en el socavón, un niño de siete años se cae de las ramas más altas de un pino. Cuando le pregunta su tía Matilde por qué se ha subido y si es que es idiota, contesta que intentaba coger un trapo rojo que ondeaba al viento y que le había llamado mucho la atención. Se lo enseña a la familia y le dicen que lo tire a la basura.
El niño, sin embargo, se lo lleva a su casa en secreto.
De vez en cuando, el niño se levanta de madrugada, se envuelve con el trapo y ensaya discursos defendiendo la justicia social, el progresismo y la intervención controlada del estado en la economía dentro de un marco de capitalismo democrático.
El niño se llama Pedrinho.


