Leí en un meme de Instagram la oración: Bienvenido a tu último frío verano (o así, como sea) y mis ganas de existir disminuyeron estrepitosamente. En la capital porcina tenemos una sensación térmica de 42º. Como migrante de un país al sur del mundo, acostumbrada a tener el Pacífico al lado y que en la ciudad donde crecí la temperatura máxima es (¿o era? (Puto cambio climático) 27.º; recuerdo decir: caen las palomas asadas.
TENGO QUE MOJAR A MIS GATOS PARA QUE NO LES DÉ UN GOLPE DE CALOR. ESTOY CON ANTIDEPRESIVO, RESPIRO Y ME SUDA LA VIDA.
Se me evapora la paciencia, el hambre y en este momento tengo cuatro ventiladores funcionando para que mi piso (amada cápsula mal aislada térmicamente), oscuro cual caverna, sea habitable. Los gatos están tirados por ahí, derretidos, y lo mejor que puedo hacer por ellos es ponerles agua fresca con 12 cubos de hielo (exactos) para congelar la mala leche que tienen… o tenemos, porque me cago en todo, tío, es que de verdad, puto calor de los cojones y yo con mi juguito detox para bajar la grasa corporal que solo me da más sed.
En mi pueblo (como suelo referirme a mi país) en este momento hay 6.º y lluvia; qué no daría para tener un trabajo digno, vacaciones como corresponde y tiempo para poder transportarme a este paraíso, sumado a que un hijo de su padre subió una historia con una hallulla* tostada con mantequilla derretida, inaceptable. Es como si vosotros fuerais a un sitio que no tiene jamón ibérico. Horrible.
Las neuronas no hacen sinapsis. En invierno lo pasaba mejor; me di una hostia en la nieve monumental, conocí la nieve a mis 29 años, porque sí, señores, a ver cuántos de ustedes no han visto en su vida una pirámide; ES EXACTAMENTE LO MISMO. ¿Diosito, puede llover por favor? No, es inútil pedirle algo a un tío. MADRE TIERRA, PACHAMAMA, POR FAVOR, UN POCO DE LLUVIA. Sacrificaremos a alguien; probablemente sea voluntario (o no).
* Tipo de pan blanco típico de Chile (N. de la A.)


