Dile a la presa comentarios sobre su aspecto o su persona que la hagan sentir una mierda : así vivirá siempre insegura y pendiente de gustarte. ¿Cómo lo hacía la experta? (O sea, mi madre): “¿De verdad te quieres poner ese pantalón? No te favorece nada, se te ve más el culo tan gordo que se te ha puesto”.
Cambia de actitud de repente y sin venir a cuento. De estar de buenas, tuércete de golpe y deja de hablarle unas cuantas horas: vivirá en la cuerda floja y lo que le pidas lo aceptará. La experta lo podía alargar días, y nunca decía la razón de su disgusto. Spoiler: no existía, esa es la gracia.
Elógiala cuando haga lo que tú quieres y deje de lado lo que ella necesita: es el condicionamiento de Pablo y los perritos. Funciona porque todos somos animales. Mi madre lo hacía cuando aceptaba comerme una tarea que no me tocaba, como ir a cuidar a su tía abuela (luego la herencia sí se la quedó mi madre). Se ponía encantadora y me dedicaba un “Gracias, amor”.
Ponla celosa: una regla de oro que siempre resuelve. Compárala con otras en su aspecto, inteligencia, simpatía o logros. Mi madre lo hacía con los hermanos, y funcionaba perfectamente. Clásico Froid (ahora no sé si se escribe Froid o Freud, como Kroif el del Barça).
De vez en cuando, agasájala sin que lo espere, normalmente después de tratarla mal. Unas flores, un regalo, una cenita en la Tagliatella… se rendirá a tus pies. Mi madre me hacía las lentejas con jamón que me gustaban después de haberme dejado de hablar porque había polvo en la repisa.
Y ya está. Si aplicas estos consejitos, te garantizo mujeres de valor en tu zona en dos semanas. Y si no, pues vuelves a las pajas, total…


