Bernardo Alcoba (reportero, ptxt): Vivimos en tiempos convulsos. Mientras la opresión se hace lugar en occidente elección tras elección, lugares de resistencia como nuestro medio se dedican a buscar la verdad, aunque sea demasiado tarde. Tras la exclusiva de la semana pasada sobre Bill Clinton y su secretaria, de nuevo libre de injerencias de los grandes medios de (in)comunicación, hoy traemos otro tema de rabiosa actualidad.
Tras décadas de especulación, por fin vamos a resolver una de las más tempranas fake news que el pueblo español sufrió en masa. Descubrimos, por fin, si el incidente del perro, la mermelada y Ricky Martin fue verdad con uno de sus protagonistas: el perro. Su nombre es Bobo, y es un Golden Retriever de edad récord: 27 años. Pese a que llegamos 25 años tarde, en ptxt lo que nos importa es la verdad, y la conseguiremos aunque sea entrevistando a este perro viejo y decrépito que, creo, se acaba de cagar encima.
Buenos días Bobo, ¿cómo te encuentras?
Bobo: (respira fuerte, con dificultad. Un pequeño, casi imperceptible, silbido es emitido por su hocico, denotando un sistema respiratorio obstruido por el paso de los años).
BA: Entiendo que su estado de salud pueda no ser lo importante en este caso, ya que nuestra audiencia de 12759 suscriptores (Necesitamos 23481 para seguir haciendo periodismo de calidad, únete en este link) y nuestros lectores en bluesky están aquí por el periodismo, la indagación. Sin más rodeos: ¿ocurrió de verdad el incidente de 1999?
Bobo: (Bobo, sentado en un sofá modelo Chesterfield, acomoda su cola por encima de sus patas traseras. Levanta la cabeza, intentando escuchar al reportero hablando desde la poltrona al lado de su sofá. Al levantar la cabeza, sus ojos plagados de cataratas arrojan un color blanco un tanto espeluznante. Bobo está aún en nuestro plano de existencia, pero no le pertenece realmente)
BA: Al asistir a esta entrevista entendíamos que podría resultar fría. Pocas respuestas, al ser un tema tan delicado, y un poco también por el tema de que usted es un perro y no puede hablar. Tenemos una pregunta más sencilla: usted (Bernardo saca un pequeño plato de su bolsillo y un diminuto tarro de mermelada. Con una pequeña cuchara coloca un poco de mermelada en el plato) ¿lamería mermelada sin importarle donde esté dicha mermelada colocada?
Bobo: (Sin reacción alguna al olor de la mermelada, Bobo vuelve a posar su cabeza en el sofá, justo por encima de sus patas delanteras. Bernardo, ante la falta de reacción de Bobo, acerca el plato a su hocico. No es hasta que la mermelada impacta en el hocico de Bobo que, no sin esfuerzo, su lengua asoma desde su boca y lame la parte inferior del plato. Sin llegar a saborear la mermelada, la boca vuelve a cerrarse y queda así hasta que Bernardo se da por vencido y retira el plato)
BA: Parece claro que la afinidad por la mermelada existe, pero dejamos aquí el experimento de momento. Quizás hoy no es el día de esclarecer si sucedió o no lo del perro y la mermelada, pero parece un buen día para preguntar por sus cargos por evasión fiscal. ¿Es cierto que envió, a través de un testaferro, tres millones de euros entre 2003 y 2005 a las islas Caimán?
Bobo: No puedo contestar a esa pregunta (Bobo se levanta y se marcha de la habitación, dejando a Bernardo estupefacto. Tras unos instantes de silencio, Bernardo habla mirando a cámara)
BA: Como siempre, incomodando al poder. Esta entrevista exclusiva no habría sido posible sin nuestros suscrip… (Bernardo es abducido por un misterioso objeto volante que sobrevuela el lugar de la entrevista. Al volante, Bobo, que sonríe diabólicamente. Sus ojos llenos de cataratas no están en forma para pilotar, la nave se estrella a unos doscientos metros, fuera de cámara)


