No somos un contact center, somos una familia

Me encantaría usar un medidor de decibelios en la sala; probablemente exceda los permitidos por normativa laboral. No sé cuántos somos en este momento, ¿ochenta personas? Los nombres de dos supervisores se gritan cada dos por tres, las mismas voces, en absoluto agradables.

Se mastica el nombre de la entidad y alguien da puñetazos de frustración contra la mesa. Normal. El manejo de la frustración de forma saludable es un concepto de los modernos de Barcelona y esto es la jungla provinciana.

Consume, consume, consume y, si no se lo pueden permitir, que lo financien; el problema es suyo. Aquí hay metas que alcanzar, jugosas comisiones que cobrar. El chiringuito se mantiene a flote entre tabaco y cafés de mala calidad.

Todos hablan al mismo tiempo, un murmullo constante en el que identifico un par de palabras: “cuotas” y “cruasancitos”. Notas distribuidas por los escritorios, muestras de amor en tiempos de campaña, dibujitos y buenas intenciones. Quiero irme a casa. Putos filtros de llamada; me dejan en espera, yo soy la que los transfiere y hace que esperen con una musiquita mediocre. 

ES QUE NADIE ME COGE LA LLAMADA, señora; hay veinte personas en espera. Se quejan de que les contesta una grabación y, cuando lo hace un humano, por favor, que sea español y, para joderte aún más, que hable en la lengua de la comunidad autónoma. SEÑORA, esta sala es un chiste; somos una mexicana, un uruguayo, dos colombianas, una catalana y la chilena que escribe. No hay remate.

¡Hoy se logró la meta! Distribuyeron pica-pica marca Hacendado, un buffet libre de patatas campesinas. Brindamos con Coca-Cola y zumo de frutas caliente. ¡Enhorabuena, equipo!

La automatización y mis ganas de existir se reflejan en la pregunta de la interesada al otro lado de la línea: ¿estoy hablando con un robot o una persona? 

Disculpen, llevo más de cinco minutos en el lavabo; es hora de seguir contestando llamadas. Bienvenidos al tecnofeudalismo.

Constanza Mariqueo Figueroa
Constanza Mariqueo Figueroa
Constanza Mariqueo (Santiago, 1996) escribe poesía y otras cositas.

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