Papá Noel: Smuggler of Happiness I

Diecisiete minutos antes de Navidad, la señora Bonnie está colocando sobre la chimenea los calcetines decorativos de estilo retro clásico que compró en Shein, cuando su marido Scott abre la puerta. Ella le pregunta por qué ha llegado tan tarde. Scott cierra de un portazo, se quita los zapatos y los tira al suelo junto con el maletín. Bonnie todavía no ha apagado la chimenea. Mientras Scott llena una cacerola de agua, aparece en pijama el pequeño Irving (de seis años) frotándose los ojos con su osito preferido cogido de la mano. Pregunta si ha llegado ya Papá Noel.

—¡Hijo, ¿qué haces despierto?! —Scott se vuelve hacia su mujer—. ¡¿Es que no le has puesto Xanax en la cena?!

Bonnie contesta que se ha pasado todo el día liada con mil cosas y no se ha acordado. Se arrodilla frente a su hijo y le pide que suba a su habitación, que a Papá Noel no le gusta que los niños ni las niñas lo vean. El pequeño Irving insiste en que quiere quedarse para que le ponga una dedicatoria y le firme el osito.

—Está bien —le dice Scott a Bonnie—. Le voy a pegar un puñetazo muy fuerte en la cara y así se dormirá de golpe.

La madre se niega en redondo y sube al baño a por el Zolpidem. El pequeño Irving ha pedido el Mattel Games Baño Boom, ¡Atrapa la Caca! y el Camaleón Teledirigido con ojos LED, Lagarto Robot Juguetes, regalos, Versión mejorada. El padre le contesta que vale, pero que si Papá Noel descubre que está despierto, se va a enfadar mucho, así que se tiene que tomar las pastillas que le va a dar mamá cuando vuelva. El pequeño Irving dice que no tiene sueño y que Papá Noel es la mejor persona del mundo y que quiere darle un abrazo.

El padre mira el reloj a un lado de la chimenea. Restan cuatro minutos para la medianoche. La madre aparece con el bote de Zolpidem, pero al intentar abrirlo se le escurre de las manos. El bote se mete bajo el sofá y ella se agacha insultando a la madre prostituta que excretó por la vagina a las farmaceúticas.

La aguja de los minutos se mueve irremisiblemente y oculta la de la hora. Ya es Navidad. Scott arranca el reloj de la pared, lo tira al suelo y lo pisotea maldiciendo la magnitud física fundamental que permite medir la duración de los sucesos.

Bonnie sigue intentando alcanzar el bote de Zolpidem. Scott deja la olla de agua en el suelo, toma de los hombros a su hijo y le mete un potente directo en el rostro. El pequeño Irving se desploma sangrando por la boca.

La madre se lanza sobre el niño y le recrimina a Scott lo que ha hecho. Scott contesta que le ha salvado la vida. En ese momento algo grande y pesado cae dentro de la chimenea. Tras la polvareda, un saco de regalos. Se hace el silencio. Poco a poco, otra cosa se escurre por el conducto de humos entre murmullos y quejidos.

—¡Su puta madre los muertos! —se lo escucha decir—. ¡Ayudadme con el palo de la puta mierda u os mato ahora mismo!

Bonnie y Scott se preguntan si se está dirigiendo a ellos. De cualquier forma, tienen una oportunidad para subir a Irving a su dormitorio. Bonnie se levanta con el niño en brazos. Le tiemblan las piernas. Mete un pie en la olla de agua, se tropieza y el niño se le cae de cabeza al suelo. Bonnie cree que le ha provocado una contusión grave. Scott la calma diciendo que los niños son de goma y que seguro que así no se despierta hasta el día siguiente, como mínimo. La madre le dice que si no le importa su hijo o es que es un monstruo insensible de mierda. Él repite que si no llegó antes a casa ha sido por culpa del gilipollas de Mike y su manía de hacer reuniones en el peor momento del año.

—¡Ho, ho, ho! ¡Vaya, vaya, vaya! ¡Ho, ho, ho!

Papá Noel acaba de salir de la chimenea. Se incorpora poco a poco y su sombra se proyecta sobre la familia. Es grande. Es musculoso. Lleva ropa de camuflaje militar de Navidad, botas altas de cuero con suela de pinchos y unos mitones rojos. Hace crujir los nudillos. Su cinturón está lleno de balas de ametralladora. Con el abrigo arremangado, se le ven los brazos llenos de cicatrices, tatuajes de bastones de caramelo, abetos, copos de nieve y renas antropomorfas desnudas con senos desproporcionados. Un grupo de elfos mágicos aparecen tras Noel y se colocan a su alrededor con diferentes armas de fuego.

Scott se acerca a Noel para saludarlo. El elfo Sonrisitas McGilligan se adelanta y le da un cabezazo en la espinilla. Scott cae al suelo y el elfo Rebanapescuecitos le pone un cuchillo Joker BS9, con hoja de acero sandvik 14c28n y vaciado scandi en el cuello. Le susurra:

—Como te muevas, te rajo, papito, ¿me captas?

—Papá Noel —anuncia el elfo Canelita Kuznetsov—, Guía Sobresaliente de la Navidad y Jefe del Ejército de los Elfos de Rovaniemi, ha venido a traer los regalos.

Papá Noel levanta su saco. Algunas cajas de juguetes se le salen por debajo.

—¿Qué puto cojones pasa? —se pregunta.

El elfo Sabuesito se agacha en la chimenea y huele la ceniza. Informa al Amado Gordo Supremo que el fuego no estaba apagado. El elfo Chivatito Seleznev advierte que tampoco han dejado la leche con vodka, las galletitas de canela ni la comida para los renos.

La madre empieza a llorar.

Scott aprieta los dientes.

Papá Noel toma la bolsa de regalos, la hace girar sobre su cabeza, «¡Ho, ho, puto hooooo!», y la lanza contra los muebles.

Scott sigue con el cuchillo apretado contra su nuez y Bonnie sigue llorando con su hijo entre los brazos. Noel se quita la gorra de Navidad y se pasa una mano por la cabeza rapada con el tatuaje de una calavera con dos bolas navideñas rotas incrustadas en los ojos.

—Venga, Noel, cálmate, viejo bastardo. Deja los putos regalos y sigue tu camino. Todavía hay cientos de millones de niños esperándote. La maldita Navidad solo acaba de empezar.

Noel saca los regalos y los deja bajo la chimenea. Carraspea y escupe en el suelo. Se agacha y empieza a meterse en la chimenea. Los elfos se mueven también.

—¡Hola, Papá Noel!

Noel se detiene. Vuelve el cuello y clava la mirada en el pequeño Irving.

Bonnie se apresura a ponerle al niño una mano en la boca y otra sobre los ojos. Imitando la voz de su hijo, dice:

—¡Adiós, Papá Noel!

Papá Noel se vuelve otra vez hacia la chimenea. Chivatito Seleznev se le acerca y le dice algo. Scott intenta explicar lo que ha pasado, pero Rebanapescuecitos le aprieta todavía más el cuchillo en el pescuezo. Noel da un paso, luego otro y otro más. Hacia Bonnie. Le aparta las manos.

El pequeño Irving levanta el osito y pregunta si se lo puede dedicar y firmar. Noel asiente y pide un rotulador. «¿Quieres unirte a nuestro ejército, chavalito? Con cariño, Papá Noel». Le devuelve el osito.

Irving empieza a leer la dedicatoria en voz alta. Cuando termina, los padres le suplican a Noel que no lo haga. Los elfos se les acercan y les golpean el rostro con las culatas de sus fusiles.

—Ya sabéis cómo funciona esto —dice Papá Noel—. Las reglas de la Navidad son las reglas de la Navidad. ¡Ho, ho, hooooo!

Irving mira a sus padres. Afuera, ha empezado a nevar con más fuerza. La estela de un meteorito cruza el universo. Irving asiente.

Noel le toma de la mano a pesar de la resistencia de la madre y se lo lleva hacia la chimenea. Los llantos de los padres se han hecho más intensos. Forcejean con los elfos. El pequeño Irving vuelve la vista hacia sus padres y suelta la mano de Noel. Les lanza un beso y les dice adiós con la misma mano con la que sostiene el osito de peluche. Desaparece por la chimenea junto a Noel.

Un gemido ahogado.

Gritos.

Varios disparos de pistola.

Ráfagas de metralleta.

Otro disparo.

Un peo.

Una risilla aguda.

Otro disparo.

Los elfos desaparecen en fila de a uno dentro de la chimenea llevándose los regalos que había dejado Papá Noel. Uno de ellos va cojeando. El último, Mimitos Cararrota Joe, patea los rescoldos. Algunas brasas ruedan hasta la alfombra bajo la mesa decorada con velas, piñas coloreadas y espumillones. Un carbón al rojo vivo se detiene en un brazo que reposa inmóvil sobre un charco de sangre. Las llamas se extienden. El fuego consume los tres calcetines decorativos de estilo retro clásico que Bonnie compró en el Shein.

En el cielo, el restallar de un látigo, la risa de un niño y un profundo: «¡Ho, ho, ho!». Más niños esperan y no todos estarán dormidos.

Títulos de crédito.

To Be Continued.

¡Feliz Navidad!

Toni Cifuentes
Toni Cifuenteshttps://autotomiarelatos.wordpress.com/
Toni Cifuentes es guía, corrector de textos y escritor (cuando puede o le dejan).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más cosas