Primeras horas de supervivencia al apocalipsis energético

Pre-data: Esto es una carrera contrarreloj para ganar al buen C., que ya habrá enviado veinte textos sobre el apagón, con copia compulsada. Me gustan los desafíos tontos, así que me lanzo.

12:33. Se apaga mi ordenador, y toda la casa. Saco la cabeza por el patio de vecinos y le pregunto a gritos al de abajo. “Han dicho que en una hora vuelve”, me responde, tras buscar de dónde sale la voz como la niña del exorcista. No tiene puta idea, como se demostrará rápidamente.

12:40. Un último mensaje, aterrador y enternecedor, de mi sufrido esposo: “Es en toda España”. Y el silencio. Ni internet, ni whatsapp, ni llamadas telefónicas, ni microondas. Vale, la situación es de apocalipsis: los preppers de los huevos 1 punto. Yo, que me pasé por el coño la mochila europea: 0.

12:41: Estado de la situación: sale a devolver.

La cafetera es eléctrica, y ahí si veo un problema, porque es mi adicción favorita.

El termo es nuevo, y por tanto también eléctrico. Me gusta el agua fría, pero aún no.

Un yogur en la nevera (yo necesito dos al día para sobrevivir).

Una ensalada de bolsa medio pocha: tendrá que valer.

Un par de garrafas de agua: al no tener que hacer café, durarán más.

Mi sufrido esposo buscaría el papel de wáter con ansiedad: su limpieza anal le preocupa sobremanera. A mí no tanto, como quedan kleenex pues me arreglaré.

12:45: ¿Cuánto durará esto? Es probable que ya estemos en ese futuro horrible de Mad Max,  y que el “mundo como lo conocimos” se haya acabado. Vamos, como si estuviéramos en EE.UU. Recuento de recursos de todo tipo: estoy jodida.

Por entretenimiento no me preocupa: los dvds no sirven, ok, pero los muchos libros que acumulan polvo van a poder salir a jugar: serán releídos, quizás varias veces.

Herramientas de escritura y dónde usarlas: muy bien. Ahí soy yo la prepper, porque tengo como para poner un Pepa Paper (soy boomer, ok).

Bien, pero… ¿lo de la supervivencia y eso? El alimento intelectual e incluso espiritual está servido, pero me encontrarán moñeca leyendo “La montaña mágica”. Y no es esa la idea.

12:49: ¿Cómo llevaré lo de ir a cazar, o en su defecto (estoy en una calle de Hospitalet, vale que es chungo, pero no hay animales salvajes), lo de ir a “buscar comida y si hace falta hacer pillaje, saquear, etc..?” Mal. Hace poco que voy al gim, bro. No me ha dado tiempo ni me dará a generar músculos para ser agresiva. Son cosas a las que llego tarde, como lo de ganar dinero. Ese tren pasó hace tiempo.

12:50: Recuento finalizado. No dispongo de recursos que sirven para nada en este caso. Lo que he ido acumulando, tanto externamente como en mi interior, no sirve para una puta mierda en esta situación.

¿Y la red social?, te preguntarás. Eso es lo más importante, dice todo el mundo. Pues… si mi esposo logra volver de esa estepa Manrusiana donde trabaja, seremos dos inútiles juntos. Moriremos abrazados, y nos expondrán como los de Pompeya. “Haremos un bonito cadáver”, a lo James Dean (soy boomer, sí).

15:31. El biiip de la alarma, o del microondas, o del router, o de la lavadora me despiertan. Me había tendido en la cama a leer al plasta de Mann hasta morir (la ensalada trasnochada ya la había digerido, y el yogur aún más). 

Ni una muerte romántica parece que tendré. 

Laura R.
Laura R.
Profe, redactora y traductora freelance (o sea, pobre)

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