El ayuno intermitente está de moda. Millones de personas emplean esta técnica que, como un funambulista, se pasea por la cuerda floja del hambre pero sin dejarse caer en el abismo de la inanición, con el fin de mejorar su estado físico, perder peso y alcanzar una mayor claridad mental. Si estás pensando en probarlo tú también, aquí te dejo diez consejos que te harán más fácil el camino al éxito.
1. No empieces con ayunos muy largos. El cuerpo se acostumbrará antes a los periodos prolongados sin recibir comida si haces pequeños ayunos a lo largo del día, entre el desayuno y la media mañana, la media mañana y el almuerzo, el almuerzo y la merienda, la merienda y la cena, y la cena y el snack de la madrugada que te comes de pie frente a la nevera creyendo que estás en un sueño si bien eres consciente de que comes, más que por gula, por tapar agujeros emocionales oscuros e insondables.
2. Es importante el apoyo del entorno. Para ello, necesitas que la gente a tu alrededor sepa que estás practicando el ayuno intermitente, por lo que es recomendable que hables a todo el mundo y a todas horas de este nuevo hábito, para que nadie se quede sin saber que lo estás haciendo. Como cuando te compraste la airfryer.
3. Durante el ayuno intermitente, el cuerpo irá quemando las reservas disponibles, y por tanto, es imprescindible proveer al cuerpo de suficientes nutrientes para afrontar las largas horas de abstinencia alimenticia. Antes de iniciar el periodo de ayuno, es conveniente asaltar un buffet libre a todo lo que el estómago dé; eso debería ser suficiente para aguantar tantas horas.
4. Dominar la sensación de hambre es fundamental para soportar el rigor del ayuno. Aquí, las infusiones serán tus aliadas. Hierve agua y déjala reposar cinco minutos con un poco de jengibre en polvo, unas hojas de hierbabuena y un tallo de espliego. Pasado ese tiempo, échate la infusión por encima. El dolor de la quemadura, y el rato en Urgencias, harán que te olvides del hambre.
5. Durante el ayuno, al menos hasta que te hayas acostumbrado, es fundamental gestionar las reservas energéticas, por lo que está desaconsejado el ejercicio físico intenso. Lo mejor que puedes hacer es pasar esas 14-16 horas en cama, y que algún amigo o familiar te cambie de posición cada dos horas y te vacíe el orinal.
6. Si eres de esas personas nerviosas que no conciben estar tanto tiempo inactivas, puedes dar paseos que ayuden a despejar tu cabeza. Lo más efectivo es dar vueltas a la manzana donde está tu centro de salud, si su servicio de Urgencias funciona fuera de hora, porque nunca se sabe cuándo te puede dar el parraque.
7. A algunas personas, la restricción les genera un estado mental de confusión. Esto es totalmente normal y no debe alarmarte. Es conveniente que te cuelgues al cuello un cartel con tu nombre, apellidos, teléfono de contacto de algún familiar y una frase motivadora y tranquilizadora como “si le estoy mordiendo un gemelo, que sepa que es por el ayuno”. No estamos diciendo que vayas a intentar comerte a gente con la que te cruces, pero nunca está de más ir preparado.
8. Conforme se avanza en el dominio físico y mental del ayuno, éste puede hacerse más prolongado. Algunas personas han alcanzado un nivel tal que son capaces de inducirse un coma y estar varias semanas sin comer, ya que la Academia Internacional del Ayuno, entidad de referencia en este campo, no considera la alimentación intravenosa una interrupción.
9. Como cualquier dieta o intento descabellado de pérdida de peso, es más fácil si se tiene compañía. Implica a tu pareja / familia / hijos en el ayuno intermitente, convéncelos con cuantos medios sean necesarios para que se embarquen contigo en esta aventura. Es posible que los más pequeños deliren un poco al entrar en la 14º hora sin comida pero un poco de disciplina tampoco les va a hacer mal.
10. Y recuerda que no debes desanimarte si fracasas y rompes el ayuno antes de tiempo. ¡Cada día es una nueva oportunidad para pasar hambre a lo tonto!


