2034. Un año de mierda para Lucía, comercial que comparte piso con un robot que sirve sushi.

Es diciembre de 2034. Ha sido un año movidito.

El precio del aceite de oliva cae al mínimo esta década y se sitúa en 98 €/l.

Por su parte, el precio de las tiendas de campaña de 10” de Decathlon alcanza máximos históricos y ya sobrepasa los 20.000 € por unidad.

El gobierno ha anunciado la máxima inversión desde 2025 en vivienda: construirá, con el patrocinio de David Bisbal, 44 pisos sociales en Alcorcón. Aunque el alquiler de estos inmuebles sea de 0 € al mes, el ejecutivo debe ponerse las pilas para encontrar inquilinos que quieran vivir entre cuatro paredes en las que, a todas horas, suene el Burrito Sabanero. La condición que impuso el cantante almeriense para invertir en el proyecto fue que se instalase un hilo musical 24/7 que reprodujera su éxito por toda la finca.

En noviembre de 2034, una tecnología uzbeka puntera resucita a Mussolini, Franco y Hitler, que —para sorpresa de los expertos— han decidido aunar fuerzas y adquirir Mind3000, la red social del momento, que atesora más de 3 mil millones de usuarios en todo el mundo. «Concurrir hoy en día a las elecciones sería algo demasiado fácil para nosotros, ahora buscamos retos que nos permitan salir más de la zona de confort», contaron los tres resucitados en TardeAR.

Y ahí, en este contexto, está Lucía, comercial en una farmacéutica que comparte piso con Marjorie, un robot que sirve sushi en un restaurante japonés de Sabadell. Y está contenta, porque con el dinero que consiguió al vender su tienda de campaña —y con la totalidad de su salario— podrá hacer frente a los gastos de alquiler y suministros durante, al menos, ocho meses.

Como cada 31 de diciembre, se pasa la tarde en la cocina preparando sus creaciones culinarias estrella (Marjorie es un poco torpe entre fogones) y aprovecha para hacer balance del año en un post de Mind3000. Escribe que, pese a las dificultades de la vida, se siente muy afortunada de estar rodeada de grandes amistades. Que al 2035 le pide aventuras, viajes y, por qué no, encontrar novio.

A las 20:55 le llega un mensaje de la red social Mind3000: «Hemos retirado su post por ir en contra las normas de la comunidad. Usted pertenece al rango de usuario «mujeres de 35-44 años», por lo que, desde Mind3000, consideramos que ya debería haber contraído matrimonio y formado una familia con, al menos, tres hijos. En su caso, manifestar, de forma directa o indirecta, su deseo de «encontrar pareja», «conocer gente» o cualquier sinónimo supone una infracción grave del punto 11.2.3 de las nuevas normas que aceptó en noviembre de 2034».

Lucía lo lee, y rompe a llorar. «Ya la gota que colmó el vaso. ¡Lo que faltaba para acabar 2034 por todo lo alto!», balbucea.

Y es que el año de Lucía, por mucho que trate de esconderlo, ha sido una mierda.

En febrero, descubrió que Rosa, esa chica tan maja que había conocido en el gimnasio, en realidad era un bot. Las largas conversaciones hablando de todo y de nada, las tardes de café, los WhatsApps kilométricos… Todo una farsa. Rosa (en realidad, R0s4-x1-00-Rainforest-++) buscaba tener tanto contacto con Lucía para añadir todas las expresiones coloquiales del español europeo a su red neuronal. ¿El objetivo? Que su jefe —el CEO de una empresa de palitos de cangrejo holandesa— lanzase una línea de asistencia telefónica 24/7 para el mercado peninsular.

Desenmascarar a Rosa la hundió y fue el último empujón que necesitaba para, ocho años después, retomar terapia con el doctor Flores, su psicólogo de confianza. Lucía, al otro lado de la línea, solo acertaba a escuchar: «Perdona, no he entendido. Pulsa tres si estás triste».

Los meses pasaban y, pese a seguir sumida en la más profunda de las tristezas, había que seguir dando el callo. Un día de junio, como cada mañana desde 2016, se dispuso a cruzar el umbral de la sede de su empresa. Sin éxito. Hacía dos días que se había cortado el pelo y el innovador sistema de reconocimiento facial —el año pasado despidieron a Carmen, la conserje y a Asier, el recepcionista— no detectó bien su silueta y no pudo acceder al edificio.

Como la empresa la había adquirido recientemente un robot australiano que tira fuegos artificiales por la boca cuando se enfada —¡eh! Estamos ante el primer robot emprendedor—, ya no sabía quién era su contacto de referencia, porque todo estaba patas arriba. Así que nada, vuelta y para casa.

Esa semana, como el teletrabajo está prohibido por ley, le tocó pringar el sábado. Para no encontrarse con el mismo problema a la entrada, se compró una peluca en el bazar de su barrio. Sin saberlo, ese iba a ser uno de los momentos más felices de aquel 2034: en esa transacción se dio cuenta de que, por primera vez en semanas, estaba hablando cara a cara con una persona.

Marina Alias
Marina Alias
Marina Alias es de Burgos y vive en Barcelona. Escribe, hace stand-up, hace impro y retiene un sinfín de datos inútiles en su memoria. ¿Sabías que la madre de Greta Thunberg representó a Suecia en Eurovisión en 2009?

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