“Me cago en… Dios no, claro. Todo, me cago en todo. No solo me muero, sino que encima resulta que los cristianos tenían razón con eso de Dios, el cielo, el infierno y toda esa mierda. Encima voy y me muero un viernes a mediodía, una semana antes de jubilarme. Todo mal, joder, todo mal”. Esto fue lo primero que pensé al despertar y ser consciente de dónde estaba. El enfado se me fue pasando poco a poco porque, seamos sinceros, en el cielo se está a gusto y, lo más importante, no hay achaques. Me morí con 67 años y desperté con el cuerpo de cuando tenía 30. “Ya me podía haber muerto antes”, pensé con el optimismo que me caracteriza.
Tras un rato paseando, me llamaron para ir a ver a Jesucristo, que me recibió ofreciéndome una calada al porro que se estaba fumando.“Joder, ¿no murió con 33 años? Está muy machacado. ¡Ah, no, que resucitó! ¿Pero con cuántos años volvió a morir? Voy a tener que leerme la Bíblia. Ahora voy a tener tiempo, desde luego”.
— Bienvenido al cielo, Daniel.
— Gracias. — Tosí un poco— Joder, está cargado.
— Jeje sí, la eternidad es aburridísima, hay que evadirse un poco de vez en cuando. Oye, ¿tú creías en mí antes de morirte?
— Sí, por supuesto.
— Y una polla. ¿Por qué siempre venís mintiendo? Bueno, en fin, no pasa nada. Tampoco te culpo, eh? Le metieron tanta fantasía a la Biblia que a ver quién se la cree.
— Me disculpará, pero además, los discursos que odio que hay desde ciertos sectores cristianos…
— Ah, sí, algo me han contado. No sé muy bien qué dicen, ni quiero saberlo. Dejé de mirar ahí abajo durante la inquisición. Pasé una depre bastante jodida por las animaladas que se hicieron en mi nombre. Menos mal que tengo a mi amigo Mahoma, que le pasa más o menos lo mismo.
— Ya me imagino.
— ¿Qué coño te vas a imaginar? ¿Cuántas veces se ha hecho daño en tu nombre?
— No, claro, ninguna, era una forma de hablar.
— Ni forma de hablar ni hostias, deja de mentirme a la puta cara. Bueno, lo que te decía, Dice Ma que últimamente se dice mucho «con Mahoma no hay huevos», pero no sé cómo saben allí abajo lo de su alergia.
Se hizo el silencio durante unos segundos.
— Entonces, la Bíblia sí que es mentira, ¿no? La crucifixión, el diluvio, Moisés separando las aguas, Adán y Eva…
— Sí. Bueno, lo de la crucifixión sí que es verdad. Putos romanos, qué hijos de puta. Esos no se andaban con chiquitas, ¿eh? Bueno, metafóricamente, quiero decir. ¿Por dónde iba? Ah, sí, luego eso de que resucité… falso, ya me desperté aquí. Y Adán y Eva sí que existieron, eran colegas míos, muy naturalistas ellos. Pero lo del jardín, la manzana, la serpiente… ¿cómo va a hablar una serpiente? Nada, falso todo. ¿Alguna duda más?
— No, ahora mismo no.
— Bueno, cualquier cosa, ya sabes dónde estoy. Ale, a disfrutar de la eternidad.
— Gracias.
La verdad es que salí del despacho de Jesucristo con más dudas de las que tenía al entrar, pero con el tiempo me fueron importando cada vez menos, porque me pesa más el aburrimiento. A ver si se acaba pronto, que la eternidad se me está haciendo un poco larga.


