Mail a : Asociación “Ayuda a dar una oportunidad a un peludito”
Señoris de la asociación:
Os escribo para expresar mi disconformidad por mi terrible situación, que se debe a vosotris.
Hace dos años que tengo conmigo a Perlita. Dios sabe cuánto luché por hacer realidad su llegada a mi mundo, estando yo devastada por la pérdida de Luquitas. Aunque parezca mucho, mucho más joven, ya no tengo 20 años. He dedicado muchas horas y euros al proyecto de tener conmigo a mi niña, a mi “miniyo”.
Sabéis que la llamo así cariñosamente, porque nos encanta ir vestidas iguales. Si yo me pongo ese día un vestido de gitana, porque estamos en feria, ella lleva el mini-vestidito a juego, un lazo de la misma tela en la cabecita, y la correa de lunares, y así posamos las dos, como gemelas, para la foto del Instagram.
Otro día, si tengo visita al fisio, vamos las dos en un chándal monísimo de Gucci, y otra fotito para las redes. A ella le encanta posar, desde que llegó, ¡es algo innato en ella, como si lo hubiera heredado directamente de mí! Y no hace falta que lo promocione Whiskas, aunque ahí aún se pone más coqueta para la foto, pues es su comida favorita.
De eso no tengo queja. Me ha salido muy bien mi Perlita, en cuanto a los medios, las redes y las cosas de las que vivo, y que me sirven para pagar sus caprichos, como la comidita, las vacunas, los medicamentos… ¡es muy caro mantener a este bichito! Todos los días come, bebe agua como si no hubiera un mañana. Y lo que cuesta recoger sus “regalitos”, es decir, sus cacotas… Es un sueldo entero de la chica filipina que se me va en eso.
Pero lo que me tiene sin dormir, literalmente, es eso, que no me deja descansar tranquila. Yo necesito un sueño de beauté de doce horas mínimo. Por eso estoy como estoy, que tengo una piel de quinceañera. Y con ella, pues no hay manera. Se activa de noche, quiere jugar, quiere interactuar. Un fastidio. Y la chica filipina, aunque para eso la pago, exige tener “alguna hora libre al día”. Cosas que antes no pasaban, chica. ¡Hemos perdido tanta libertad! Así que le tiro la pelota, medio dormida, pero no le basta.
También me parece indignante, y me deberíais haber avisado, eso de que tiene sus “derechos”, y que la ley no me deja decidir ciertas cosas sobre ella. Ahí es donde pongo mi límite, y por eso he decidido que os la quiero devolver. Perla debería ser mía. Yo la traje a mi vida, por generosidad, para ayudar, para hacer del mundo un lugar mejor. Pero sobre todo para decidir yo qué hacer con ella, cuándo sacarla en las revistas, en las redes… Y en YouTube, que da mucho más dinero si pongo a mi Perlita en cámara.
Si no es así, pues no me sale rentable, la verdad. Es muy mona, le tengo cariño, pero la puedo ir a visitar de vez en cuando. Seguro que habrá otra gente que la quiera, y más siendo tan famosa, gracias a mí.
Podéis pasar a por ella cuando queráis, y como soy tan desprendida (demasiado, me dicen mis amigos), os regalo sus platitos y su vestuario.
Firmado:
Perla Hormigón, geóloga, empresaria, cantante, escritora, modelo, pintora, trendsetter.


