Hoy ha venido a divertirse a El Hormiguero, ¡el Generalísimo Francisco Franco!

Cuando Marron anunció ante todo el equipo que, después de más de diez años e innumerables batallas legales con Flipy, El Hombre de Negro y Jandro por la patente, había conseguido terminar la máquina del tiempo en la que llevaba trabajando desde que fichamos por Antena 3, el plató entero chilló de emoción.

—Ahora sí, ¡a mamar, Broncano! ¡Agárramela con la mano! —gritó Pablo, comentario al que todos respondimos con una sonora y unísona carcajada.

Las posibilidades eran infinitas. Tendríamos acceso a invitados a los que nadie jamás había podido entrevistar, resolver grandes misterios de la historia, hacer merecidos homenajes a personajes que nos dejaron demasiado pronto… A poco que hiciéramos las cosas medio bien, nos podían caer tres premios Nobel. Como mínimo. Por fin sería Jimmy Fallon el que se fijaría en nosotros y no al revés.

Así es que cuando tuvimos la primera reunión de guion después del anuncio, las expectativas no podían estar más altas. Todo el mundo llegó con un montón de ideas y la creatividad fluía como nunca. No recuerdo haber empezado una jornada laboral tan ilusionado, quizás por eso me sentó tan mal que los jefes no quisieran escuchar nada de lo que habíamos hecho hasta el momento en que aparecieron por la oficina.

—Muy buen trabajo, chicos, pero el primer invitado ya está decidido —dijo Jorge Salvador. La sala entera contuvo la respiración mientras Pablo y Jorge intercambiaban miradas y sonrisitas cómplices, como dos niños que acaban de hacer una trastada.

—¡Francisco Franco! —exclamó Pablo.

—¿Franco? ¿El dictador? —pregunté en absoluto shock.

—¿Acaso conoces a otro? ¿Qué pasa? ¿No os parece buena idea?

—No, no. Para nada. Es magnífica, ¿verdad, chicos? —pregunté al resto de colegas suplicando que me echaran un cable con la mirada.

—¡Fantástica! —gritó Juan.

—¡Sublime! —dijo Damián mientras se levantaba aplaudiendo muy despacio, iniciativa que nadie siguió.

—¡Culo! —interrumpió Alfonsín, el nuevo, el sobrino de Jorge —. Perdón, pensé que estábamos jugando otra vez a eso.

La dirección justificó su decisión argumentando que era un tema de actualidad debido al reciente cincuentenario de la muerte de Franco, que los jóvenes tenían curiosidad por esa época, que el dictador nunca había tenido un espacio donde explicar su punto de vista y aquí estamos a favor de la pluralidad… Total, que al día siguiente me endosaron a Alfonsín y a dos becarios y nos mandaron al año 1965.

No daré muchos detalles del viaje por motivos de confidencialidad y también porque es mucho menos emocionante de lo que se puede imaginar. Solo diré que la máquina viaja en el tiempo, pero no en el espacio, por lo que hubo que montar todo el tinglado en las inmediaciones del Palacio de El Pardo y que el interior es el de un Renault Twingo del año 93 por lo que no es ni cómoda ni glamurosa.

Lo cierto es que toda la operación fue como la seda. Gracias a los contactos y a las indicaciones que nos facilitaron algunos miembros de la junta de accionistas del Grupo Planeta, conseguimos tener una reunión con el Caudillo de manera casi inmediata. Se nos recibió con mucha amabilidad y además a Franco le cayó bien Alfonsín desde el primer minuto y se partía de risa con cada cosa que decía. Alfonsín no ha dicho nada gracioso en su vida así que dedujimos que le resultaba hilarante por el simple hecho de tener acento andaluz.

Al acabar la reunión, le dejamos un portátil con los mejores programas que hemos hecho en estos años y le explicamos a sus asistentes cómo reproducirlos. Apenas pudimos disfrutar de la visita al Madrid de la época porque a los dos días nos llamó el Generalísimo en persona por teléfono para comunicarnos su decisión.

—Arriba España. Por la presente les hago saber que accedo a participar en su espectáculo televisivo, pero con dos condiciones sine qua non. En primer lugar, nada de hormigas, no pienso participar en la charlotada esa de los muñecos de trapo. En segundo lugar, quiero que esté el muchacho bajito que es tan gracioso —. Todos entendimos enseguida que se refería al Monaguillo.

¿Fue el programa un éxito? Absolutamente, mayor audiencia de la historia de la televisión en nuestro país. ¿Se blanqueó en la entrevista al dictador? Bueno, digamos que su mujer no tendrá que lavarle el culo con Ariel nunca más. ¿Ganamos dinero con todo esto? Muchísimo. ¿Suficiente como para limpiar mi conciencia? No. Por ese motivo dejé el programa esa misma semana y doné gran parte del finiquito a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Resultó ser la mejor decisión de mi vida, no solo porque podía dormir tranquilo sino también porque para la siguiente invitada del pasado eligieron a Isabel la Católica y durante el viaje de contacto uno de los becarios fue apresado y quemado en la hoguera por brujería (llevaba el pelo teñido de azul). Así que de momento no habrá más entrevistas históricas, al menos hasta que el equipo de abogados de la productora dé con una fórmula que blinde al programa contra futuras demandas por accidente laboral.

En cuanto al Generalísimo, sigue viajando al presente con asiduidad de la mano de Alfonsín, que también dejó el programa para ser su representante. En la actualidad, Franco tiene 3,6 millones de seguidores en TikTok y acaba de ganar la última edición de Master Chef Celebrity. Está valorando presentarse a las próximas elecciones.

Álex Scampa
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