Fragmentos del borrador de “Reconciliación”, el libro de memorias de Juan Carlos I

“Mi relación con Letizia siempre ha sido mejor de lo que se ha retratado, y de hecho empezó con un simpático equívoco. Me la topé por el pasillo, salía ella del baño, cuando me encaminaba hacia el salón donde mi hijo nos la iba a presentar. Al ver allí a aquella desconocida, le pregunté con naturalidad:

—¿Eres prostituta?

—No, Señor—, dijo ella.

—¿Y entonces quién eres?

—Soy la novia de su hijo Felipe, Señor.

—¿Mi hijo Felipe se ha ennoviado con una prostituta? Eso no conviene a la monarquía.

—No soy prostituta, Señor.

—¿Entonces quién eres?

Y en aquel momento justo apareció Felipe y aclaró aquel dicharachero enredo, pero nunca llegó a indicarme dónde estaban las prostitutas”.

“A Sofía me une nuestra relación de lealtad y deberes institucionales. Yo la quiero mucho a pesar de que no nos hablamos desde 1987. A veces la miro y siento que no logro traspasar la barrera que hay entre los dos y no alcanzo a leer sus pensamientos. Creo que es por el pelo. La Reina Emérita dejó de lavarse el pelo después de los Juegos Olímpicos de Barcelona y el uso continuado de laca para mantener el peinado ha convertido su cabello en un casco impenetrable. Una vez tuvimos a tres científicos del CSIC en Zarzuela estudiando el caso más de una semana pero no dieron con solución alguna. Hube de asumir que hay cosas que ni la Ciencia española puede desentrañar”.

“Quiero dejar esto muy claro: yo creía que el poli era como una prostituta”.

“Soy el único español que, después de 40 años de trabajo, no recibe ninguna pensión. Me lié con la tramitación electrónica. Que si el certificado, que si la clave PIN, todos engorrosos obstáculos que, me duele reconocerlo, no pude superar. Envié a mi fiel ayudante de cámara José Ramón a hacer el trámite en persona en la Seguridad Social, pero al no ser él el interesado, rechazaron su petición, requiriendo mi presencia en las oficinas. Pero me negué. Si hay algo que un Borbón jamás hace es trámites en persona en la Seguridad Social. Les reto a que encuentren un antepasado mío que haya hecho uno”.

“Ahora me doy cuenta de que hay regalos que quizás debí rechazar, y no supe cómo. Me cuesta mucho ponerme en ese compromiso, quizás por mi carácter en ocasiones menos campechano y más tímido de lo que se piensa. Me pasó con los millones que me obsequiaron las monarquías saudíes y me pasó con el Toisón de Oro de macarrones que me regaló la Infanta Elena como manualidad del Día del Padre en Bachillerato. Era feo como un dolor pero qué clase de padre habría sido yo de haberlo rechazado. Encima, tuve que lucirlo en dos o tres recepciones oficiales. Me sentí abochornado como rey pero orgulloso como padre”.

“En mi nieto Froilán veo mucho de mí. Pero veo más de Fernando VII, la verdad. La sangre tira, eso es indudable”.

“Nunca llegué a saber quién era realmente Jaime Peñafiel. Durante años creí que era un inofensivo duendecillo español que vivía en algún rincón secreto de La Zarzuela, a menudo le dejaba platos con galletitas en diferentes puntos del complejo para que no pasara hambre. Pero quién es o de dónde salió, eso jamás lo supe”.

“Veo el futuro de la monarquía asegurado en mi nieta Leonor, una joven responsable y preparada, hija de su tiempo y probablemente del rey en ejercicio. Por supuesto, la cuestión de su casamiento es de la máxima importancia pero confío en su buen juicio y estoy convencido de que si se casa con un golfo, lo hará con uno más listo que Urdangarín. A la otra seguro que también le irá muy bien porque se la ve espabilada, tengo que llamarla, a ver si me acuerdo”.

“Franco te gustará más o te gustará menos, pero como dictador sabía compensar con crueldad aquella voz tan graciosa. Eso me enseñó a equilibrar defectos y virtudes. Además, me explicó todo lo que necesitaba saber sobre cómo evitar la sífilis”.

“Sé que a la juventud, a la que ahora apelo para que apoyen al monarca en su labor, le costará entenderlo, pero en los 80 Bárbara Rey estaba muy buena. Paloma San Basilio también. Era un espectáculo aquello. Un chochete detrás de otro que yo llenaba de orgullo y satisfacción. ¿Qué? Me dice mi editora francesa que no puedo decir “chochete” en mis memorias. Ahora que me fijo, ella también está para llevársela a Botsuana”.

Ana Belén González
Ana Belén González
Periodista, persona a tiempo completo, jubilada atrapada en el cuerpo de un joven bombonsito.

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