El inspector Asensio y el caso del asesinato del hombre que comía 5 piezas de fruta al día

El inspector Asensio irrumpió en la habitación de la víctima. Inerte en el suelo se hallaba el cuerpo de Pedro Mojeña, que aparentemente había sido golpeado por la espalda con una bola de bolos. La posición del cuerpo indicaba que el asesinado había sido sorprendido mientras hacía muecas al espejo retrovisor de su Ford Fiesta. Las pruebas indicaban que se había producido una violenta lucha. Solo habían interrumpido la pelea en 2 ocasiones: una para tomar el té antes de que se enfriara y otra porque pensaba que le llamaba su madre desde el aseo para que le llevara papel higiénico.

Antes de fallecer, Mojeña se había apuñalado con un palillo de dientes en el pecho pasar usar la sangre para escribir un mensaje en el suelo: “¡Recordad que una uva cuenta cómo una fruta!” —Un hombre preocupado por la salud de su familia hasta el final de sus días—, sollozó Maria, una criada de la familia cuyos dientes eran tan grandes que necesitaba 3 aparatos para corregir su dentadura.

La puerta que daba al jardín estaba abierta y unas huellas salían de allí e iban hasta el trastero donde se metían dentro de una caja de 2×2 metros.

—María, ¿dónde se hallaba usted cuando lo asesinaron?

—En la terraza recogiendo la ropa— respondió Maria, sacando un calcetín de su propio zapato para corroborar su declaración.

—¿Oyó usted algo?

—El señor estaba con unos cuantos amigos en su cuarto. Estaban discuetiendo cuál de ellos le ganaría en una pelea a un perro callejero. Me pareció oír que el señor Mojeña se puso a imitar el ladrido de un pastor alemán, mientras el señor Martínez, su amigo de la infancia, gritaba a los 5 vientos “¡La patata no se puede poseer, es un fruto de la madre naturaleza!”. Luego solo sé que escuché el Mambo N.º 5 de Lou Bega y la cabeza del señor Mojeña salió volando hasta la estantería de libros de autoayuda. Oí que el señor Martínez le amenazaba. Decía que si el señor Mojeña le volvía a soplar por detrás de la oreja no le garantizaría que hubiese jamón con fresas en el almuerzo del domingo. Creo que él lo asesinó.

—¿La puerta del jardín se abre manual o automáticamente?

—Manual. ¿Por qué?

—Justo lo que pensaba. Ahora estoy seguro de que fue usted quien mato a su jefe.


¿Cómo lo descubrió el inspector Asensio?

Según el manual de instrucciones de las puertas manuales únicamente se pueden abrir si en una mano tienes una bola de bolos y ella es la única que usa esa puerta para tender la ropa. Aprovecho justo el momento en el que Martínez estaba gritando y Mojeña estaba ladrando para entrar por detrás y darle con la bola de bolos. Es una situación que se daba por orden de su jefe que empleaba la excusa del golpe en la cabeza para dar por finalizada la conversación.

Marco Tevarhttps://linktr.ee/MarcoTevar
Marco Tevar (Murcia, 1996) Escritor de textos humorísticos y microrrelatos en su tiempo libre. Ha publicado textos en ratachillona y poesiacompleta.

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