Saltos olímpicos de balcón para caer bien siempre, en todos los ámbitos de tu vida

¿Te sientes perdida porque notas que ya no caes bien a la gente? ¿Estás en según qué determinados grupos sociales y no te sientes aceptada? Acéptalo, tu metabolismo se ha ralentizado, has ganado kilos de consciencia de ti misma y cuanto más te piensas, más te cuesta perderlos.

Pero ¡NO TE PREOCUPES! Es importante seguir los consejos de la psicología positiva, una dieta equilibrada y practicar el salto de balcón olímpico de manera regular para poder cumplir al cien por cien con las expectativas que los demás tienen sobre ti y así caer bien a todo el mundo.

1. Salto Culo en Pompa desde el balcón de la casa de tus padres.

Asiéntate, preséntate a unas oposiciones, hipotécate, ten hijos. ¡Caray con las expectativas de tu familia! Desde que te fuiste de casa ya no llamas, ya no vas a verles y además tus decisiones personales cuestionan su estilo de vida. Se sienten incómodos contigo y es normal. ¡Eres una decepción! ¿Solución? Haz un viaje de “regreso a tus orígenes”, vístete con un chándal de Salvados por la Campana y tírate por el balcón de tu cuarto, todavía decorado con muebles de los ochenta. Además, tener de testigo la mirada de Enrique Bunbury, en ese póster de Héroes del Silencio; hará tu caída mas heroica y transcendental. Tírate por el balcón amarrada al temario de oposiciones a las que nunca te presentaste. ¡Seguro que así caerás bien a un montón de gente de tu familia!

2. Salto de longitud desde el balcón de tu piso de estudiantes.

Estudia y llegarás lejos, decían. Espera, eres estudiante de filosofía, ¿verdad? Lo sabíamos. ¿Ah no?, ¿filología?, ¿historia?, ¿arte?, ¿FP? ¿Existe todavía alguna de estas carreras en el sistema educativo? Da igual, en cualquier caso: “¿Y eso pa’ que valeee?”, te habrá preguntado aquel estudiante de derecho al que le gustaba fardar de haberse leído El Quijote, mientras se compraba su menú universitario por cinco euros y robaba los rollos de papel higiénico industrial del baño de la cafetería. “¿Cómo se puede ser filóloga y no haberse leído El Quijote?”, te decía despectivamente; pero luego nadie le preguntaba al borracho de tu barrio si se ha leído a Bukowski. Admitir que no te has leído el Quijote es otra razón por la que eres la peste. Caes mal. Tu arrogancia de mediocridad inculta te delata. ¡Lee el Quijote coño! ¡Si no, no conseguirás nada en esta vida! (O por lo menos di que lo has leído, que no cuesta nada). Y también, practica este salto de longitud desde el balcón de tu piso de estudiantes, después de haberte atado a un pie el tomo de El Quijote que compró tu madre a aquel vendedor de Círculo de Lectores y la enciclopedia Larousse al otro, (extensiones incluidas), que total, ya sólo los usas como fondo en tus sesiones de Zoom y se ven algo polvorientos. 

3. Salto Cochinilla en Bola desde el balcón de tu oficina.

Hacerle la pelota al psicópata de tu jefe nunca ha sido lo tuyo y por eso representas una amenaza en tu puesto de trabajo. Estar más preparada que un superior, aún cobrando la mitad, no te da derecho a dar lecciones de nada. ¿No aceptas trabajar doce horas diarias por un trozo de pan seco y un colchón con chinches en la esquina de tu oficina? ¿Quién te crees que eres?, ¿la líder de las Sufragettes? ¡Por favor! Cuando vayas a trabajar con psicópatas, olvida tu soberbia en casa, asiente con la cabeza, sonríe, haz cumplidos sobre su flequillo engominado y exclama “¡Qué corbata tan chula!”. Remata la jugada con un: «Además, las corbatas estrechas son muy estilosas. ¿Dónde la has comprado?”. Lo sabemos, para dar ese paso se necesita mucha valentía y confianza en una misma, pero practicando este salto cochinilla en bola desde el balcón de tu oficina, ejercitarás el músculo de la sumisión y … ¿adivina qué? ¡Serás la persona que mejor cae en tu trabajo de la noche a la mañana! (Atención: en caso de no tener balcón se puede practicar en el hueco del ascensor, desde la undécima planta).

4. Salto Tirabuzón desde el balcón de tu casa de inmigrante

¿Eres de los que pregunta “¿Alguien sabe que hay que hacer para renovarse el pasaporte en Inglaterra?” en el grupo de Facebook “Españoles en Londres” y lo único que recibes son insultos, chistes facilones con innumerables faltas de ortografía y un DJ promocionado su “gig” en la sección de comentarios? ¡Bienvenido al mundo ex-pat! (Bueno, inmigrante, si no eres blanco).   

En el extranjero caerás mejor cuanto más reniegues de tu propia cultura. Si te da por ir a bailar salsa los sábados o comerte un torrezno que te ha enviado tu padre, desde España, por Correos; serás una sucia rata “que no quiere integrarse en nuestra riquísima y hegemónica cultura” para los de allí. Pero si vas de visita a España y cuando vuelves no traes ni latas de tomate frito Orlando en la maleta, o alguien te oye decir “pues este curry no está nada mal” serás una traidora de tu propia cultura para los tuyos.

Tu forma de vestir, tu acento, tus elecciones culinarias te delatan. Este salto en tirabuzón desde la ventana de tu habitación londinense de cuatro metros cuadrados, compartida con un ayudante de cocina bangladesí, una teleoperadora de Newcastle y un gallego, es fantástico para practicar tu integración en cualquier grupo. ¡No te cortes y practica tu bien caer en cualquier país del mundo! ¡Whoooohooooo!

5. Salto en Cruz desde el campanario de tu pueblo.

No le caes bien a la Tomasa. Te ha visto morrearte con tu novio en su portal y con otro diferente en el chamizo durante la Fiesta Mayor. La Tomasa, a quien, de todos es sabido, encintó tu bisabuelo en un pajar, antes irse a la guerra, a pesar de estar festejando con la Angustias, tu bisabuela; se lo comentó a la Enriquina, que de todos es sabido, roba las monedas del canasto de la iglesia.  La Enriquina lo aireó una noche de verano que salió a tomar el fresco al portal, delante de la peluquera, la carnicera, una prima segunda y un ex-legionario octogenario con pata de palo que pasaba por ahí, amorrado a un cartón de vino, pidiendo dinero a puerta fría. Éste pidió opinión al dueño del estanco, que a su vez se lo contó al cura. El cura – de todos es sabido – hace cosas que todos saben.  Como… dar la misa. Por ejemplo.

La cuestión es que todo el mundo habla de ti- ¡y nada bien, por cierto! – . Dada tu fama de “mujer poco centrada”, tu mala reputación te precede allá donde vayas. Tranquila. Con este salto en cruz desde el campanario de tu pueblo trabajarás todos los músculos de la zona autoculpal y caerás súper bien a todas esas personas a las que les importas una mierdecita.

(Importante realizar el salto un domingo después de la misa de doce o en un entierro. O no, calla, mejor en un bautizo. Sea como sea, cuando la plaza este llena de gente).

6. Salto en paracaídas sin paracaídas.

Pon el mundo por montera si ves que ninguno de estos saltos ha dado el resultado que esperabas. Y mientras caes grita “libreeeeeee, como el sol cuando amaneceeee yo soy libreeeeee, como el maaaar”. Si la presión atmosférica no te ha hecho explotar en mil pedazos, lo harás cuando llegues abajo. La onda expansiva de tus vísceras chocando contra el suelo impregnará la Tierra de sangre y caca. Tu caída se verá desde la Luna como un Picasso y cuando la humanidad se extinga, pasarás a la historia del Universo como “El ser humano que mejor cayó”. Así que ya lo sabes. ¡Ahora manos a la obra.

Sigrid Malasañahttps://uranusmagazine.com/
Sigrid Malasaña es corresponsal exiliada en Urano www.uranusmagazine.com. Estudió Mediocridad Aplicada. No se ha leído El Quijote y se bajaba por Emule las pelis en español de los libros que se tenía que leer en inglés. Ganó un jarrón de cerámica con dragones orientales y asas bañadas en oro en el torneo de ajedrez de las fiestas de su pueblo. La vida le va bien.

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