Quince pensamientos intrusivos durante la noche que sobra un trozo de pizza y se lo ha pedido tu novia para desayunar

-Un rooibos, eso me llena el estómago, fijo.

-En realidad, ¿Qué es la pizza? Al final es un trozo de pan con cosas. Sobrevalorada.

-«Oh sí, una mediana nos da para los dos» imbécil, soy imbécil. Si cuando vivía sólo me comía una entera con medio litro de cerveza. «No, no quiero pan con ajo, tengo que entrar en el traje». Puto pan de ajo y putas bodas, joder.

-¿Y si se come la gata el trozo de pizza? Quiero decir, existe esa posibilidad. Si ha aprendido a abrir la puerta del salón para venir a comer, hoy puede aprender a abrir el horno. Igual no debería arriesgarme y adelantarme a ese bicho del infierno.

-¿Hay alguna hora en la que sea ilegal abrir una lata de mejillones?

-¿Y si me como el trozo, y esto hace que me deje? No por esto, claro, pero ¿y si empiezo una bola de acontecimientos, que acaba con ella dejándome? ¿Y yo termino siendo otro ingeniero cisehtero que acaba siendo un incel, y me pescan las redes de la ultraderecha? Este trozo de pizza me separa de ser un fascista, está clarísimo, estoy jugando con fuego aquí.

-Joder, que es tiene puto champiñones, tiene que estar buenísima aún.

-¿Si me abro el bote de espárragos, habrá que gastarlo entero?

-Pero cómo me iba a llenar un rooibos, soy imbécil. ¿Y seguro que el rooibos no tiene teína? Porque no hay quién duerma.

-¿Masturbarse dará más hambre, o la quitará?

-Pues las obleas para hacer helados no están tan mal, y se pondrán rancias si no me las acabo.

-¿Y si me tuesto un trozo de pan y le pongo queso? Le puedo poner una loncha de jamón, aunque claro, puedo comerme el trozo de pizza y mañana hacerle esa tostada a mi novia, todos ganamos.

-A ver, soy un novio ejemplar. Soy atento. No me drogo, no fumo, ya no bebo, le caigo bien a su familia… Yo creo que puedo ser un cabrón sólo hoy y pillar el trozo.

-En este momento ella tiene únicamente tres opciones: a) Se despierta mañana al lado de un cadáver, muerto por inanición, y se lleva un disgusto y ya no le apetece desayunar pizza. b) Se despierta mañana ilusionada y se lleva una decepción al encontrarse en el horno la caja de la Pizzería Madonna vacía. C) La despierta ahora mismo dulcemente su novio y le pregunta, como un caballero formal, si no le importa ceder su trozo de pizza ahora a cambio de invitarla a cenar mañana. Es que está claro, seguro que agradece más el hecho de no despertarla, obviamente.

-Esta es la última vez. Lo juro. Dios, que buenos están los champiñones.

Fran J. Díaz
Dejadme en paz, estoy con la tesis.
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