Mi esclavo

Si hay una cosa que me revienta de mi esclavo es que siempre que le ordeno algo (limpiar la casa, levantar piedras etc) me pregunte “¿Quién te crees que soy, tu esclavo?” y se ponga a reír. 

No me ha salido muy bueno. Lo compré en Esclavos Gómez. La última vez que le compro esclavos a ese timador sin ética. Hay que buscar esclavistas con principios morales, de los que uno se pueda fiar.

El último esclavo que le compré me duró muy poco tiempo y este nuevo de ahora es un insolente. El otro día le digo “Monta este mueble de IKEA” y me dice “no sé hacerlo”, así que lo monté yo para enseñarle. Y entonces, una vez lo ve montado, me dice “ah, vale vale, ya sé cómo se hace”. Pero claro, ya estaba montado el mueble, así que le dije “Ahora desmóntalo y lo montas tú”. Y me dijo “no sé desmontarlo”. Y lo desmonté yo para enseñarle. Y entonces le digo “ahora móntalo tú” y me dijo “se me ha hecho tarde” y es verdad que era un poco tarde.

Total, que el mueble sin montar.

Si estuviera en garantía se lo llevaba a Gómez para cambiarlo, vaya que sí. En la puerta de su tienda de esclavos hay un cartel en el que pone bien claro “No se devuelve el dinero por defectos de fábrica pero se da un vale para bescambiar por otro esclavo”. O sea que si no te gusta tu esclavo, Gómez no te devuelve el importe, pero te da un vale para que lo puedas gastar más adelante al comprar otro esclavo o en unas neveritas que también vende y que son muy útiles pero ya tengo tres y no necesito más. 

Casi desde el primer día que lo compré, mi esclavo duerme en mi habitación porque dice que tiene mal la espalda y necesita dormir bien. Yo duermo en el sofá, porque no tengo más habitaciones en casa. A ver, no soy tonto, como es él el que tiene que trabajar me parece razonable. ¡Lo necesito en buena forma para sacarle todo el rendimiento posible a mi dinero! Voy a amortizarlo un montón, vaya que sí.

Es verdad que por ahora apenas tiene fuerza porque está muy delgado. Gómez de Esclavos Gómez me dijo que es mejor así, comprarlos debiluchos y alimentarlos bien hasta que sean esclavos de primera. Total, que estas primeras semanas con esclavo están siendo una ruina.

Pero es una decisión inteligente, me dijo Gómez, dado que sale mucho más económico comprarlo así, de gama baja, que gastarse un dineral en uno musculoso y de calidad superior. Lo malo es que, claro, los primeros meses un esclavo delgadito come muchísimo, para ponerse al día, y creo creo que estoy perdiendo dinero.

Me temo que Gómez de Esclavos Gómez me haya tomado el pelo otra vez, pero si no te puedes fiar de un esclavista apaga y vámonos. “Tiene poca autonomía pero es porque es muy  fino y resulta más estilizado y elegante”. Gómez te sale con esas excusas y qué vas a decirle. Por supuesto, cuando en el tema esclavos uno habla de “autonomía” es en referencia a duración, no a autonomía de libre albedrío que ahí sí que tiene cero porque esa es la gracia de todo el asunto.

Últimamente mi esclavo no hace nada de lo que le pido (bueno, no se lo pido, se lo ordeno, faltaría más) porque dice que se encuentra mal. Y claro, como está casi nuevo no quiero forzarlo y que se acabe rompiendo a los pocos días de haberlo pagado. Tengo que rentabilizarlo bien. Ya escarmenté con el otro esclavo que tuve, al que traté un poco mal porque le pedí que me colgara unas cortinas y lo hice de malas maneras y se acabó fugando y solo llevaba dos días conmigo.

Es una pena que sus problemas de salud le estén impidiendo rendir al máximo, pero estoy seguro que en cuanto se recupere voy a amortizarlo al máximo. ¡Uf, menudas cosas voy a obligarle a hacer!

Por lo pronto, va a pintar el piso. Y luego le pediré que vaya a buscarme pizzas y cosas así, ahorrándome los gastos de envío.

Y si no me hace caso, ojo, seré un dueño cruel y despiadado. Yo a las buenas soy muy bueno, pero a las malas soy también muy de lo otro, muy malo. 

Ahora no puedo porque estoy fregando los platos de la cena y luego tengo que recoger la ropa y plancharla (y ahora somos dos en casa así que hay más trabajo) pero en cuanto termine todos mi quehaceres voy a empezar a escribir un discurso motivacional para mi esclavo en el que le voy a dejar muy claro que ya está bien de holgazanear. 

El esclavismo es un sistema de trabajo muy bueno y que da muchas ventajas a todo el mundo. Pese a todo hay una cosa muy mala de tener esclavo son los madrugones. Porque claro, si quieres que tu esclavo trabaje desde primera hora de la mañana, alguien tiene que despertarle, así que me pongo el despertador a las 4, le preparo el desayuno y a las 5 lo despierto.

Luego le preparo el baño, le limpio los zapatos… Y hacia las 10 ya está listo para trabajar. Mientras él hace sus cosas, yo me voy a la cocina para prepararle el piscolabis para su pausa de las 12. Y tras eso, me pongo a prepararle la comida, que es a las 14:00. 

Claro, yo a esa hora llevo ya 10 horas arriba y abajo y estoy rendidísimo, así que me acuesto un rato mientras él trabaja, lo malo es que entonces no lo puedo supervisar (dándole latigazos, mirándole mal, minándole la voluntad etc)

Hay mucho ignorante que rompe o deja inservible a su esclavo a los pocos días. Yo no. De hecho aún no le he quitado la funda al mío. Eso hace que le cueste moverse y se pase casi toda la jornada en el sofá sudando y acaparando el ventilador, pero lo importante es que siga como nuevo y me dure muchos años.

Estoy aprovechando para desahogarme estos días que él está fuera, de vacaciones en mi apartamento de Torredembarra y que yo me he quedado cuidando de la casa. El muy cafre me pidió un viaje a Ibiza y le dije “no hablar, te vas a mi apartamento, que me sale gratis”. Jaja. Así hay que tratarlos.

¡Y ahora voy a limpiar la casa de arriba a abajo para que cuando vuelva la encuentre como los chorros del oro, vaya que sí! Así verá que en esta casa somos disciplinados y entenderá el alto grado de exigencia que se espera de él.

Lástima que no me da mucho tiempo porque me he buscado un segundo trabajo para poder pagar el préstamo que pedí para pagar el esclavo. Lo cierto es que no está resultando el «chollo de la productividad» que prometen. Para empezar, el asunto de la pirámide que había planeado construir lo he tenido que dejar aparcado porque voy a necesitar por lo menos 3 esclavos más y no tengo dinero para tanto. 

«Pero Kike, la esclavitud está mal». Vamos a ver, pues según. Según el esclavo y de dónde sale. El mío es local, pagado religiosamente y con poca huella ecológica. Lo malo es que desde hace algunos días me siento muy atado a mi esclavo. Se pasa el día en el sofá mientras yo lo hago todo. Las deudas me comen y Gómez, de Esclavos Gómez, me va dejando dinero pero cada vez le debo más y más. 

A veces pienso que lo de tener un esclavo es un poco esclavo, la verdad. Estoy pensado en escaparme a fin de ser un hombre libre al fin, sin propiedades ni ataduras.

Kike Garcíahttp://www.elmundotoday.com
Kike García (Motilla del Palancar, 1957) és un dels creadors de El Mundo Today, on escriu articles, i col·labora en mitjans com El País i Cadena Ser. Ha publicat dos llibres: Historia, el libro i Constitución Española. Com a còmic té tres discos de comèdia: Live at La Llama Store, Un señor bajito i Lo mejor de Félix el gato. Ha actuat a llocs de prestigi com YouTube i el Festival Cruïlla. És soci de la Llibreria La Llama Store i actual editor de Ratachillona.

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