Historia de amor imposible con mi demonio de la parálisis del sueño

No podemos elegir de quién nos enamoramos ¿verdad?, si se pudiera, supongo que habría elegido mejor. Tal vez algo más parecido a las comedias románticas que te hacen querer comprar una pastelería, mudarte a la Toscana o qué sé yo…meterte a librero y encontrar a tu alma gemela perversa. 

El protagonista de mi historia lleva conmigo toda mi vida. Cuando era pequeña jugábamos al escondite y ¡se le daba genial!, siempre me ganaba. Una vez casi lo encuentro primero, lo malo es que me pillaron los mayores justo cuando iba a saltar al pozo en el que se había metido. Desde entonces no nos hemos separado. Aunque nadie entiende nuestra relación y por eso la limito a mi entorno más cercano.

Imaginad que me pongo a contarle a cualquiera que llevo toda la vida compartiendo mi vida con un ser del inframundo. De locos ¿verdad?, pues a nosotros nos sirve ¿vale? Es la vida que hemos elegido. Porque claro, aquí todos muy progres y abiertos con el poliamor y esas movidas modernas, pero juzgando las relaciones interdemoniacas. En fin…la hipocresía. 

Supongo que la magia de nuestro amor se basa en que él nunca deja de sorprenderme con sus ocurrencias. A veces nos enfadamos, claro, como todas las parejas, como aquella vez que me dormí en el sofá y me despertó tirándome fuerte de los pies. Se pasó de la raya y quise ponerle límites, pero una cosa que tiene la parálisis, es que te impide moverte. La noche siguiente, llegamos a un trato, podría descansar tranquila. Eso sí, seguiría demostrándome su amor en pequeños gestos cotidianos: abrir la puerta del armario, tirar algo en la cocina mientras veía una serie y ¡como olvidar aquella noche que iba a darme un baño de espuma y se disfrazó de niña fantasma con el camisón que había dejado colgado en la puerta! Las risas que nos echamos cuando logré levantarme del suelo tras el susto inicial. 

Pocas personas entienden nuestra relación y mucha gente ha intentado separarnos. Una amiga mía que sabe de tarot, magia (y otras cosas de gente que termina cucú con camisa de fuerza blanca) hizo un ritual para que se fuera. Funcionó y estuvo un tiempo desaparecido. Tras su abandono, pasé una depresión existencialista. ¿Quién me despertaría de repente?, ¿Cómo descansaría sin que sujetara mi muñeca hasta que me hormigueaba la mano? 

Pero regresó, siempre vuelve a buscarme. Nuestro amor puede con todo (solo si es de noche y estoy sola, si no la verdad que funciona regular). Era mi época mochilera y se le ocurrió presentarse en el albergue cutre que compartía con otras 7 desconocidas. Le encantan las entradas triunfales y que sepa que está cerca para aumentar mi deseo infernal. La primera noche tuve un sueño protagonizado por una de esas compañeras que únicamente había contemplado de pasada y asistí a todo un espectáculo bizarro y monstruoso con martirios que el propio Marqués de Sade habría prohibido. Ahí ya empecé a sospechar que mi oscuro amante estaba cerca. Siempre le ha gustado jugar con la tortura física y mental. 

Pude verlo la siguiente noche. Parecía distinto, aún más alto, tanto que su cabeza tocaba el techo y tenía que caminar encorvado, lo que no restaba un ápice a su atractivo. Paseaba entre nuestras literas agachándose para mirar muy de cerca a las ocupantes. De nuevo jugábamos al escondite y por más que lo intentaba, no lograba encontrarme. Así que le grité muy fuerte que dejara a esas desconocidas. Al fin y al cabo es mío, para eso llevo toda la vida aguantándolo. Se giró enfadado y sonrió al comprobar que era yo. 

Ayyy…esa sonrisa…imposible de olvidar. Su boca no tiene dientes y cuando la abre puedes admirar toda la oscuridad que habita las almas de los hombres. Se acercó a darme un beso y entonces, como una Bella Durmiente, me desperté. Solo que, en vez de mi príncipe, me esperaban un grupo de chicas enfurecidas porque mis gritos les habían impedido dormir. Como veis, el mundo no nos lo pone fácil. 

Mis amigas opinan que nuestra relación “no es normal” pero yo les contesto que no es malo, es que ha tenido una vida complicada. Es verdad que a veces se le va de las manos y me asfixia demasiado fuerte, pero claro, si tú no tienes un demonio de la parálisis no puedes entenderlo. Lo cierto es que no tenéis ni idea de todo lo bonito que hace por mí. Por ejemplo, hace unas noches vino a visitarme y su apariencia había cambiado para parecerse a mi crush (a veces tiene esos detalles). Así que acaricié su pelo (aprovechando que no era la masa negruzca y deforme de costumbre) y le dije cuánto le había echado de menos. A pesar de mi amor incondicional, siempre termino cagándola cuando estamos juntos y comento algo que le enfada. Esta vez, su ira era mucho mayor, supongo que había tenido un mal día en el Consejo Demoniaco en el que trabaja como creador de pesadillas. Su trabajo está muy infravalorado. Todo el mundo escribe sobre sus sueños, y despiertan deseando contarlos, pero ¿las pesadillas?, la mayoría tratan de olvidarlas sin tener en cuenta el gran trabajo de guión que hay detrás. 

No tenía ganas de que pagara su enfado conmigo así que intenté huir y no podía, entré en un bucle en el que corría hasta el interruptor y él me atraía de nuevo entre risas maléficas. 

Al final conseguí apartar de una patada el edredón y le di un golpe al Fûrin japonés que cuelga encima de mi cama. Las campanillas empezaron a sonar y me trajeron de vuelta a la realidad. 

Desde entonces no he vuelto a verlo y, la verdad, le echo mucho de menos. Sé que nuestra historia de amor es imposible. El problema es que aún no he conocido a nadie como él, capaz de dejarme sin respiración con su sola presencia. 

Zulay Monterohttps://zulaymontero.com/
Zulay Montero estudió Periodismo por culpa de su libro favorito de pequeña: Sheila la Magnifica, en el que una niña creativa (y un poquito mentirosa) montaba un periódico durante un campamento de verano. Con el tiempo, la realidad de los medios de comunicación fue rompiendo sus sueños hasta hacerla caer en el lado oscuro de la publicidad. Ahora está de vuelta, retomando su pasión y dejando salir su auténtica voz: irónica, cruel y satírica, esa que se escondía tras la máscara de pretendida cordura que construyó para encajar. También es fan de cantar mal por la calle, estudiar filosofía para que su vida sea aún más absurda y trabajar en marketing mientras monta una ONG de comunicación solidaria. Pura contradicción e hipocresía.

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