Encuentro entre un oso polar y David Attenborough

El oso polar está triste porque David Attenborough ya no le llama para grabar.

David Attenborough le explica de la manera más pedagógica y cordial posible que al oso negro americano le disparan cada vez que sale de la osera, que al oso pardo no paran de construirle muros y vallas para que no cruce el río, que el oso malayo ni siquiera tiene un hashtag propio-exclusivo; que lo siente mucho pero que tampoco le va tan mal y que en cualquier caso se lo ha ganado a pulso.

El oso polar le pregunta si es cierto que le han cambiado el nombre al Gran Tiburón Blanco. David Attenborough asiente.

El oso polar se echa las zarpas a la cabeza.

David Attenborough le acaricia la espalda.

El oso polar le pregunta si ha estado grabando a las osas polares.

David Attenborough le susurra que sí al oído.

El oso polar solloza y mira al cielo.

David Attenborough le acaricia la barriga y se maravilla con el roce del pelo entre sus dedos.

El oso polar se seca las lágrimas y asegura impotente que está dispuesto a hacer lo que sea, que puede jugar a la pelota con los nuevos turistas o con los viejos aventureros, que puede dejar de acosar a las hembras, que puede dejar de comer a sus crías, que puede hasta citar La Broma Infinita de Foster Wallace durante sus interminables jornadas de caza para que resulten más entretenidas.

David Attenborough le dice que las referencias a La Broma Infinita están prohibidas desde 2007.

El oso polar da un golpe de rabia sobre la nieve. David Attenborough se asusta y se aparta.

El oso polar le pide perdón. Le dice que lo siente mucho pero que no sabe qué hacer. Le pregunta qué puede hacer.

David Attenborough se encoge de hombros.

El oso polar le dice que ha pensado en hacer un podcast.

David Attenborough suspira.

El oso polar le dice que si no ha venido a grabarle ni a ayudarle no entiende a qué ha venido. Le dice que si su hermano fue capaz de resucitar a los dinosaurios en Parque Jurásico cómo es posible que él no sea capaz de resucitar la narrativa del oso polar en el ártico. Que todavía hay osos polares silenciados que pertenecen a las clases populares y necesitan un relato. Que no entiende por qué el oso panda sí que sigue saliendo por la tele, que si es porque lleva esa pretenciosa dieta que no incluye carne o porque representa a esa nueva masculinidad apática y sin lívido que solo se excita con memes.

Que de todas formas él tiene un nombre para los osos panda y ese nombre es gays.

David Attenborough se gira y comienza a caminar.

¿Dónde te crees que vas? Tú también estás acabado, David.

¡Eres blanco y tienes el pelo blanco!

David Attenborough se aleja.

¡Todo el mundo sabe que te escriben los guiones! ¡Ya no engañas a nadie con tu acento inglés!

David Attenborough desaparece.

El oso polar gruñe y se tumba bocarriba en la nieve, intenta hacer el ángel pero no le sale.

Abella Cienfuegos
Abella Cienfuegos (Asturias, 1984) estudió Teoría de la Literatura, Literatura Comparada y un Máster en Guión de Cine y Televisión. Es autora de "El Disco de Deva" y "Cómica", editada por Caballo de Troya.

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