Consejos para lograr una victoria pírrica frente al desamor

o cómo aprender a cagarte encima y que no te importe

Alguna gente se deprime porque advierte que los hijos que aún no ha gestado morirán asesinados por un dron teledirigido en la lucha por beber un vaso de agua. Otros sufren una fuerte caída anímica luego de perder el trabajo o tras caer en la cuenta de que no lo tienen hace meses. Vale. Pero nadie cae tan fuerte ni tan profundo en el abismo del vacío existencial como a quienes les toca la puerta el desamor aka el desengaño amoroso, máxime si se trata de el o la gilipollas que no lo vio venir. 

Cuando esta bomba de humo estalla y mina tu espíritu, los mensajes optimistas te resultan más irreales que el hecho de que te embarace una paloma. Muchache: no es momento para obviar que hay medio vaso vacío y sí para recordar que no es el equilibrio lo que mueve al mundo, sino la entropía, conocida por ser la tendencia de que todo eventualmente se vaya inexorablemente al carajo, cada vez más y peor. Es por eso mismo que conviene prepararse.

Abandona, antes de todo, cualquier pretensión de dignidad. No hay nada peor que ver a un depresivo intentando fingir tener su shit together. Es como ver en tus amigos los lastimosos intentos por aparentar ser sesudos mientras discuten sobre el independentismo al cabo de tres canutos. Es hora de abrazar el hecho de sentirte una mierda, o incluso, quizás, la peor. 

Descarga en tus amigos la responsabilidad de tu supervivencia. No es momento de andar fingiendo autosuficiencia, tu aspecto y tu cara lo contradicen ampliamente. Muéstrate sin tapujos como esta ameba unicelular en la que has devenido y reclamales a tus amigos que te alimenten y si es posible que te limpien cuando ya empieces a oler mal. Húndete en aquel sillón que tienen (más si te lo han ofrecido) y prepárate para este viaje. 

Abraza tus vicios. Ahora mismo entregarte a todo aquello que sabes no te hace bien pero te reconforta quizás sea la única oportunidad de que tu cuerpo experimente algo de placer. No es momento de andar preocupándote por tus pulmones, tus neuronas o tu hígado, aunque sí quizás por tu presupuesto. Así que ve y hazte de tus surimis de cartón o tus yonki latas y admira esa barriga cervecera que irás criando con más cariño que a un bulldog francés. 

Abraza la tranquilidad de un encefalograma plano. Esto no es un llamado a clavarte un coma inducido por pastillas sino más bien a renunciar al hecho de dártelas de intelectual. El mundo está como está por gente de mierda que cuando se encuentra mal decide comenzar a leer a Proust o tragarse la filmografía de Tarkovski. La gente que hace esas cosas es para aparentar frente a extraños pero la verdad es que en este momento la gente que te rodea te conoce bien y no espera nada de ti. 

Renuncia a sentirte follable ever again. Tal como estás nadie te querrá tocar ni con un palo y la experiencia de un mal polvo con un desconocido aumentará el tiempo de duración de este pozo con la proporción de los años de un perro. Eres un desecho de persona así que nada de lidiar con pretensiones creativas, cuanto más pragmática y sórdida sea la paja, mejor. 

Aférrate a tu egoísmo. No es momento de pensar en las penurias que está pasando la humanidad, ya bastante tienes con tu mierda y en el estado en el que estás ahora mismo no sirves ni para correr de la policía. Así que abandona cualquier impulso mesiánico, que la caída del imperialismo no depende de tí ni tampoco, seamos sinceros, es que se avecine de manera inminente. 

Luego llegará un día en el que puedas considerar que quizás todo haya sido por tu culpa al mismo tiempo que creas fehacientemente en la posibilidad de volver a cagarla de manera inminente y serial a lo largo de tu vida hasta pasar a una mejor. Ese día no, pero varios días después puede que ya no encuentres la posición correcta en el sillón, o tus amigos te echen, o simplemente debas volver al curro porque sino te despiden. 

Llegados a este punto de salida al mundo exterior, resta sólo una advertencia. Si eres de los que somatiza a través de sus intestinos hay bastantes posibilidades de que te cagues encima. La sola idea de que eso suceda puede ser el propio detonante para que el torrente de caca comience a bajar por tus piernas: es inútil evitarlo y de hecho es necesario naturalizar que suceda. La vida es eso y quizás esa sea la gran enseñanza de este proceso. Poder caminar airoso con tus pantalones cagados por la calle, sabiendo que no has tenido miedo a lidiar con tu propia mierda. 

Rocio Marchetti
Rocío Marchetti es argentina y por eso vive en Barcelona. Licenciada en guion obtuvo luego un máster en estudios de cine y por eso se le da muy bien estar en el paro de manera serial. Está cansada de explicar que su fobia a las tortugas es un miedo irracional. Es alérgica a la penicilina, la psicomagia y la francofilia.

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