Comentarios neutrales para usar en fajas de un libro que tu amigo escritor te ha pedido leer

(y que, probablemente, no te ha gustado nada)

Todos tenemos un amigo/a escritor/a. Es una de las tragedias de esta vida. Escribir es algo bello cuando se hace en la intimidad. Pero cuando nuestros amigos escritores comparten sus proyectos con otras personas de su entorno íntimo, entonces todo se vuelve una pesadilla.

Los escritores son personas ególatras. Aceptan las críticas, pero casi siempre se las toman a mal. Te piden consejo, pero solo para que les digas lo bien que escriben. Son sensibles, pero si les dices que quizá esa metonimia no está bien usada pueden gritarte a la cara que no tienes ni puta idea y que ojalá te mueras.

Cuando un amigo tuyo escritor ha acabado un libro, puedes encontrarte ante la terrible situación de que te pida que lo leas y se lo comentes. Puede, incluso, que te pida una frase que aparezca en la faja promocional de esa primera edición con la que fantasea cuando esa editorial que solo está en su cabeza le publique una tirada de cien mil ejemplares. Queremos ofrecer una ayuda a todos aquellos amigos/as de escritores que alguna vez se han visto en esa catastrófica situación.

Los comentarios de esta lista te permitirán salir del aprieto, sobre todo cuando el libro de tu amigo (tal y como esperabas) es muy malo.

Con estos comentarios tu amigo quedará satisfecho e, incluso, es probable que (si tienes suerte) nunca más te pida que vuelvas a leer alguno de sus libros.

Lista de comentarios neutrales para la faja de un libro escrito por tu amigo:

«Este libro es grande. Tiene un tamaño espectacular».

«Hay pocas novelas como esta en el mercado. Os lo aseguro».

«Hay pocos autores capaces de hacer lo que hace mi amigo en este libro».

«Las figuras retóricas de este libro me hicieron llorar en muchas ocasiones. Pero las sinécdoques me hicieron tener pesadillas».

«Un libro que te hará apreciar la vida sin libros».

«Cuando terminé de leer esta novela, me sentí muy aliviado».

«La cantidad de letras de este libro es más o menos igual a la cantidad de letras de cualquier otro libro con el mismo número de páginas, algo que hay que tener muy, pero que muy en cuenta».

«En esta vida se pueden hacer un montón de cosas y leer esta novela es, cómo no, es una de ellas».

«Novelas como esta deberían escribirse cada mil años (o más)».

«Este libro contiene trecientas ochenta y nueve mil cuatrocientas treinta y dos palabras, una detrás de otra, una detrás de otra, una detrás de otra, una detrás de otra, una detrás de otra, una detrás de otra, en un orden, francamente, pasmoso».

«Cuando mi amigo me recomendó leer su libro no esperaba encontrarme lo que me encontré. Por cierto, ahora ya no es mi amigo».

«Tras leer este libro valorarás muchísimo más otros libros».

«Un libro lleno de personajes, personajes, personajes, personajes, personajes, personajes, personajes, personajes, personajes, personajes,… y de licencias ortográficas realmente sorprendentes».

«Es una pena que me quedara ciego por ese accidente con el coche que me impidió llegar al final del libro de mi amigo».

«El papel es realmente suave y huele mejor que el de muchas otras novelas».

«Libros como este se escriben uno cada mil años. Menos mal».

«¿Alguien sabe cuándo va a caer ese meteorito que va a acabar con toda la vida en el planeta? Si es muy, pero que muy pronto, compra el libro de mi amigo».

«Vale. Venga. Me he leído tu libro, Juan. De nada».

«Tiene esa longitud y grosor perfectos para llevarlo siempre contigo en caso de una emergencia en la que un extraño con malas intenciones te persiga en un callejón oscuro y necesites algo que arrojarle a la cabeza y luego golpearle hasta matarlo».

«Me he leído el libro de mi amigo muy rápido, saltando de un párrafo a otro como una gacela perseguida por un guepardo en Botsuana, y al igual que esa gacela, me ha parecido una eternidad».

«De verdad, no vuelvan a dejar que mi amigo me pida que lea su libro para comentarlo».

«La próxima vez que mi amigo me pida que lea su libro, le pego un tiro en la frente y luego me pego otro tiro yo». 

«La madre de mi amigo escritor me daba galletas cuando en mi casa no teníamos nada que comer. Su familia me acogió como a un hijo tras el incendio de la chabola en la que malvivíamos y en el que murieron mis hermanos y mis padres. Mi amigo escritor me contrató en su empresa cuando, después de dejar la universidad y con dos hijos recién nacidos, no tenía nada con que alimentarlos. Él me ayudó a dejar la droga tres veces. La mujer de mi amigo escritor, Ana, se ofreció a amamantar y a cuidar de mis hijos cuando Esther me abandonó por aquel italiano y se marchó a Miramar, provincia de Buenos Aires, de donde jamás ha vuelto. Mi amigo escritor donó un riñón después de que me diagnosticaran glomerulonefritis. Años más tarde, mi amigo escritor interpuso su cuerpo cuando aquel ladrón me disparó por un ajuste de cuentas. El disparo le causó a mi amigo una paraplejia que le obliga ahora a ir en  silla de ruedas. Está de baja y tiene mucho tiempo, que dedica especialmente a escribir. Tiene movilidad suficiente en un brazo como para teclear. Y teclea mucho. Después de las noventa y seis horas, catorce minutos y diecinueve segundos que he dedicado a leer por entero su nueva novela, he saldado mi cuenta».

«¡¡¡Socorro!!!».

Toni Cifuenteshttps://autotomiarelatos.wordpress.com/
Toni Cifuentes es guía, corrector de textos y escritor (cuando puede o le dejan).

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