Carta de despedida de un tenedor

Cuando leas esto ya me habré ido. No corras al cajón de los cubiertos, ya no estaré.

A partir de hoy no volverás a verme. Sí, a partir de hoy todos los tenedores volverán a ser iguales. Hoy te dice adiós el tenedor de tu cantina del trabajo que se esforzó cada día por hacer que lo nuestro funcionara, por tratar de ser uno más entre la cubertería de IKEA. Esa con la que siempre ponías la mesa, tan vulgar y solícita.

Siempre quise creer que el amor, cuando es sincero, puede con todo, pero estaba equivocado.

Durante estos tres años siendo un extraño en tu cajón, he tratado de luchar con todas mis fuerzas para que nuestra relación funcionase, en ocasiones parecía que lo íbamos a lograr, como cuando me escogías para hacer los agujeros de la empanada o incluso para comprobar si el bizcocho estaba en su punto. Nunca pretendí que me utilizaras para comerte el yogur (confieso que aún hoy sigo fantaseando con ello) pero ya no aguanto más batiendo huevos. Sí, eso es en lo que me has convertido este último año y medio, y ya no puedo soportarlo. Aunque las claras estén montadas.

Sé que te va a hacer daño leer esta carta. Jamás fue esa mi intención, como tampoco lo fue quemarte con aquellos canalones recién salidos del horno el día de Navidad en que tu madre quiso tirarme a la basura. Todavía recuerdo como saliste en mi defensa, cómo luchaste por mí hundiendo tus dedos en las sobras de nochebuena, y cómo me limpiaste con tus propias manos bajo esa cascada de agua templada que salía del grifo de tu cocina. Nunca nada ha llegado a excitarme tanto. Pero no te confundas, no soy ningún tenedor de postre y sé que la pasión también se acaba.

Y también que ha llegado el momento de acabar con lo nuestro. Me voy, no me costará encontrar trabajo en cualquier restaurante chino de la ciudad, así que por favor, pide los palillos cuando vayas a uno, sé que te dolería verme caer tan bajo. Estoy seguro que no te costará encontrar un tenedor para carne con el que puedas rehacer tu vida, él sabrá darte lo que yo no fui capaz.

En mis recuerdos siempre estarás limpiándote los labios después de beber para no ensuciarme. Gracias por mantenerme alejado del friegaplatos.

Nunca creí que fuera a llegar este momento ni que un sobrecito de tinta de calamar diera para escribir tanto.

Adiós 

Sergio Lambruschini
Sergio es actor, director de teatro y humorista en ciernes (Iván Palomino). Escribe por encargo.

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