Cápsula diaria de emoción

Hoy fui a la biblioteca y, para no romper la rutina, saqué un libro. La bibliotecaria, una señora muy dedicada a su oficio, me dio el ticket correspondiente a mi préstamo y me marché. No me detendré en el libro que ahora poseía no porque resulte irrelevante sino porque probablemente distraiga la atención sobre el hecho principal. Aunque podéis pensar que era Paradise Lost, deJohn Milton, por ejemplo. Así queda uno como de intelectual, por leer además en inglés, al tiempo que mantiene su dignidad de proletariado, por lo de haberlo sacado de una biblioteca.

Jamás había reparado en el contenido del anteriormente nombrado ticket. Adoro andar, es algo que me fascina aunque mi físico sugiera lo contrario, sin embargo no puedo leer un libro mientras ando. Es una mera cuestión de tráfico, imagino no ser el único con tal impedimento. Pero no me privo casi nunca de esas “lecturas en siete pasos”, breves párrafos, poemas o letras en general listas para ser ojeadas en apenas la distancia en pasos justa antes de darte cuenta que ese molesto pitido de bus por la calzada es culpa tuya, imagino no ser el único con tal afición. Pues hoy mi lectura de siete pasos fue el ticket de la biblioteca y aún le estoy dando vueltas. Lo primero que puede observarse son meras fechas de recogida y devolución, pero justo debajo, con letras de mayor tamaño y en maleducada negrita puede leerse:

COMPRUEBE Y CONSERVE ESTE TICKET.

ES IMPRESCINDIBLE PARA CUALQUIER RECLAMACIÓN

No pude llevarme mayor sorpresa. Al principio el tono imperativo a la vez que una cortés tercera persona me resultó chocante. Pero no fue eso lo más llamativo, sino el texto en sí. Podría pensarse que la reacción lógica sería la de terror intenso por una sencilla razón. Imaginemos por un momento que a tu libro le faltan 30 páginas que fueron arrancadas. Obviamente querrías proceder con la reclamación correspondiente, pero si tiraste el ticket ya no podrías hacerlo. Digo más, supongamos otros casos no menos probables como que te roben el ticket, lo pierdas, lo pintorrees y resulte ilegible, que arda sin motivo aparente, que te lo arrebate un ave rapaz o un felino discreto, que pintes en él un retrato a lápiz que salve al arte moderno, que te lo compren, o que durante una noche de pasión desbocada con una persona nada tímida a la que le guste el buen tacto del papel de recibo sobre su piel, emplees para su gozo lo que tengas más a mano; que era el ticket puesto sobre el libro en la mesita de noche. Si cualquiera de estos supuestos se hiciera realidad, no podrías reclamar. También sería posible que se lo llevara el viento, y entonces tampoco podrías reclamar. Te leerías 30 páginas menos de un libro, o lo devolverías, o a saber.

Desde luego es una perspectiva aterradora, pero yo no sentí miedo, sonreí. Comprendí tras largas reflexiones una serie de hechos que me reconfortaron. A saber: asumiendo que el ticket está impreso sobre el típico papel de recibo que no presenta una oposición mayor a su destrucción que la que presentaría un pájaro a la apertura de su jaula, el terror ya expuesto resulta evidente. ¿Y qué? ¿Acaso no todos necesitamos ese riesgo? ¿No vivimos de él? ¿Acaso no supone una necesaria dosis amarga diaria para compensar tanto orden y sentido de las cosas? Yo lo veo claro, me están haciendo un favor. Matizo: un organismo público me está haciendo un favor. No puede ser casual, el funcionariado nos está haciendo un favor. Resulta que lo público está ahí para cuidarme. El presidente me cuida, la nobleza me cuida. ¿Qué harían los ciudadanos sin estas capsulas diarias de emoción para combatir el aburrimiento? El pueblo no debe aburrirse, no puede hacerlo. 

Por ello debemos estar tranquilos, entretenidos y sobre todo agradecidos. Por estas muestras de interés en nuestro bienestar. Para que tengamos algo emocionante que contar a los demás. Aunque al final no sepas qué pasó con el maldito ticket y leas 30 páginas menos de tu libro.

José Cabrera
Jose Cabrera es cómico, guionista y escritor. Tiene varios monólogos grabados en Phi Beta Lambda y Me duele la cabeza. Es autor de la novela "A ciegas". Presenta el podcast "Palabrotes" y es buena gente.
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