7 hábitos que todo hombre debe seguir para sentirse más guapo y seguro durante la invasión de Ucrania.

Me llamo Josep Font y soy profesor de Relaciones Internacionales en la Autónoma de Barcelona. Cuando empezó la guerra en Ucrania me llamaron de un programa de televisión para que opinara sobre el asunto. Como es un tema que domino y era por teléfono mi intervención quedó muy bien. Tanto que al día siguiente me invitaron a plató. Y ahí empezaron los problemas. No me considero un hombre feo en absoluto, pero ser un hombre aceptable en el mundo real equivale a ser un adefesio en la tele. Por eso he recopilado 7 consejos de belleza fáciles de seguir que me salvaron la vida durante la invasión de Ucrania.

1. Protección solar cada día.

Si crees que el sol reseca la piel espera a estar bajo los focos de plató tres horas debatiendo sobre la ofensiva en el Donbas. Una buena hidratante con protección debe formar parte de tu rutina diaria. En la cadena donde trabajo todas las colaboradoras parecen modelos recién aterrizadas de La Gomera y eso me hace sentir débil e inseguro. También descubrirás que nadie quiere oír tu retahíla de datos sobre el contexto histórico del conflicto. En la tele la clave es “hazlo corto y simple, estúpido.” Lo sé porque es lo que me repetía el director del programa cada vez que íbamos a publicidad. Él también es un gran defensor de la hidratación porque suda como un babuino en una clase de zumba.

2. Cuando se trata de tu barba, los detalles importan.

¿Qué imagen vas a dar si te preguntan por las cuentas congeladas de los oligarcas rusos y tu barba está hecha un desastre? Yo llevo barba desde los veinte pero, francamente, era para ocultar la papada. En la tele eso no sirve. Invertir en una buena recortadora de doce cabezales te acaba ahorrando tiempo y dinero. Sé creativo, no tengas miedo a buscar referentes. El mío fue Bradley Cooper en Ha Nacido una estrella. En seguida empecé a notar los resultados y una de las colaboradoras de La Gomera se puso a tontear conmigo en directo. Luego vi que me hacía señas porque me colaba en su plano. Para ilustrar la grandeza del alma rusa cité un pasaje de Amo y Criado de Tolstoi, pero varios tertulianos se rieron de mí. El director me acorraló en una esquina y preguntó si quería hundirle el programa con mis citas y mi barba de gordo. Fui a casa y lloré hasta quedarme dormido.

3. Para el pelo, menos champú y más acondicionador es la clave.

Este punto es complicado para mí porque soy calvo. Yo pensaba que solo clareaba porque en todos mis años de profesor en la Autónoma ninguno de mis alumnos me ha llamado calvo y mira que me han puesto motes: Culogordo, Culomanteca o Se ha escrito un crimen, este último por mi enorme parecido con Angela Lansbury. Pero calvo, nunca.  Pero de nuevo lo que en en el mundo real parece un simple clareo en la tele es una calva en toda regla. Contra todo pronóstico, los ucranianos resistían bastante bien el avance ruso así que la guerra podía alargarse, pero no lo suficiente para hacerme un injerto que diese tiempo a cuajar, así que decidí recurrir a una peluca. Aquí los referentes vuelven a ser importantes y a mí siempre me ha gustado David Bowie. Como era un debate sobre política internacional no quería llamar la atención, por lo que Ziggy Stardust quedaba descartado. Pero confieso que cuando la segunda semana de guerra entré en plató con el flequillo del Duque Blanco para la gira Station to Station la mesa entera se quedó en silencio sus buenos cinco minutos. El regidor hacía señas para que alguien hablase cuando miré a los ojos del director y susurré “me has humillado por última vez”.

4. Dominadas en casa: don’t stop me now

Seamos francos, en nueve años de profesor en la Autónoma te acomodas. Y a mí me gusta la longaniza de Pascua. La como durante todo el año, de hecho. La como si fuera regaliz, que también como durante todo el año. No es de extrañar que la guerra me pillara en la peor forma de toda mi vida. La solución fue una barra de dominadas. Pull ups, chin ups, elevación de piernas y retracción escapular: en la tercera semana de invasión estaba hecho un toro. Veía imágenes de Putin sin camiseta y pensaba: “a ese le calzo una hostia”. A estas alturas el resto de tertulianos me adoraban como a un dios. Cada vez que yo hablaba guardaban silencio y si pedía el turno al director su primer impulso era cubrirse la cara como si le fuera a pegar. También dije al ayudante de producción que se metiera mi taza con el logo del programa por el culo y siguiera sacando latas de Monster bien frías. Había empezado a tomar estimulantes.

5. Tatuajes: una rosa es una rosa es una rosa.

Durante mis años en la Autónoma siempre quise hacerme un tatuaje pero no me atreví. Por suerte ese hombre débil había muerto. Lo enterré con su ropa, sus libros y su forma de agachar la cabeza cuando en el supermercado le piden que abra la tote. Las bandas chicanas de Los Angeles dicen de sus rosas tatuadas “una espina por cada amante, un pétalo por cada enemigo”. Mi rosa del antebrazo llevaba una espina por cada colaboradora que me había rechazado y un pétalo por cada tertuliano al que había amenazado o escupido en directo. La cadena se había reunido de urgencia para expulsarme pero qué iban a hacer, era el único que quedaba en el programa. Los demás habían abandonado asustados por la fuerza de mis ideas o de mi olor corporal. Estaba experimentando con proteínas y varios tipos de rábanos y mi sudor era de otro mundo. En las pantallas veía imágenes de una ciudad derruida. Mariupol, creo. ¿Pasaba algo en Ucrania?

6. Tratamiento spa: el reposo del guerrero

¿La cadena quiere pagarte un balneario para que te recuperes de tu crisis nerviosa antes de regresar al programa? ¡Bienvenido sea! Un masaje sinestésico es la mejor forma de olvidar que la Autónoma te ha expulsado de forma irrevocable y la mezcla de colores y aromas abrirá tu mente a un nuevo mundo de posibilidades. Has demostrado que eres un animal televisivo. La cámara no miente, dice la verdad veinticuatro veces por segundo. Así que la próxima vez que te pongas delante de ella, ¿qué es lo que va a ver? ¿Un triste profesor universitario inhabilitado para dar clase en toda la Unión Europea o el hombre fuerte, seguro, con colágeno en sus labios que no tiene miedo a decir: me gusto, me quiero, me quedo?

7. Recupera tu esencia.

Si el balneario era una trampa para buscarte un sustituto no te preocupes. No les necesitas. Has entrado en un reality de pastelería. ¿Qué es un cronut?

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